La inclusión en Chile es un tema que genera debate y suma críticas a las políticas de Estado y a las actitudes sociales.  Ya sea personas con discapacidad, inmigrantes, en riesgo social o que han cometido delitos se han sentido excluidos en alguna oportunidad en una sociedad que si bien reclama mayor inserción, hace poco para concretarla.

La Fundación Paternitas, fundada en 1991, trabaja en ese complejo escenario en el cual busca romper el círculo de la delincuencia otorgando una atención integral, apoyo, tratamiento social, psicológico, jurídico, espiritual y neuropsiquiátrico a los niños, adolescentes y adultos vinculados al mundo delictual.

Paternitas, presidida por el padre Nicolás Vial, realiza una labor directa con los beneficiarios y sus familias, a través de distintos programas que cubren: prevención, capacitación, inserción laboral, familiar y formación, para lograr una exitosa rehabilitación.

Ubicada en Recoleta 900, la Fundación acoge a decenas de jóvenes que llegan voluntariamente buscando cambiar su presente y futuro.  El cumplimiento de responsabilidades y metas es clave para optar a los cursos de capacitación (que van desde peluquería hasta gastronomía) y seguir adelante con el proceso de reinserción social.

“Tenemos un programa destinado a jóvenes que han sufrido vulneración, y para los que han infringido la ley y han cumplido condena por sus delitos.  Nuestro programa busca reparar los episodios de vulneración y responsabilizarlos frente al futuro de sus vidas. Darles una segunda oportunidad para canalizar su deseo de cambio”, dice a La Nación Francisca Lewin, coordinadora general de proyectos.

Con cursos que duran aproximadamente un mes y medio, más un desempeño destacado, los jóvenes tienen la posibilidad de hacer pasantías en restaurantes, incorporándose así a un trabajo real.

“También vamos a eventos gastronómicos, a ferias y buscamos, a través de la participación, reforzar, destacar y dirigir el talento de los jóvenes que mayor compromiso han tenido. También enseñarles a desenvolverse en el mundo real”, explica Lewin.

Y en ese sentido “nuestra apuesta es que el cambio no sea tras bambalinas, sino que sea en el mundo real. Por eso es que en Paternitas nos movemos con ellos para desenvolverse (…) Trabajamos en enseñarles a hacer uso de su libertad”.

De hecho, el acompañamiento no llega sólo hasta las pasantías, sino que sigue adelante buscando lograr una exitosa y completa rehabilitación.

“Aquí se unen los sentimientos para cambiar”

Nicole Maldonado tiene 19 años y lleva 9 meses en la fundación. Llegó por reinserción social y, según cuenta a La Nación, “ha sido una experiencia bien grata (…) Aquí se me han abierto muchas puertas en el trabajo, en los estudios, en cómo desarrollarme con el mundo afuera y con la gente”.

“Yo venía solamente por la capacitación de gastronomía, pero después fui conociendo a la gente, me a abrieron las puertas, me acogieron. Yo no provengo de una familia muy buena y por lo mismo llegué por reinserción social. Me gustó  y me quedé aquí”, asevera.

Desde las bancas de la parroquia de Paternitas, la joven explica que ha realizado dos capacitaciones, una en gastronomía y otra en peluquería.  Además realiza un curso de manicure.

Pero sus sueños no quedan ahí. Nicole afirma que “quiero terminar de hacer estas capacitaciones, trabajar, juntar plata y más adelante estudiar Técnico en Trabajo Social si es que se me da la oportunidad. He aprendido que la labor que hacen las señoritas, la coordinadora, las tías, es muy bonita, y me llama la atención ayudar a la gente”.

“Mi familia está contenta con esto. Cuando fue la licenciatura de gastronomía, nos dieron nuestros diplomas y mis viejos estaban felices porque nunca pensaron que uno podía salir de ese ambiente, romper el círculo”, agrega.

Y una de las cosas que más valora es justamente la atmósfera que se da en Paternitas. “Aquí pasa algo bien lindo porque toda la gente que llega viene con la intención de cambiar su vida, entonces se unen todos los sentimientos de salir adelante”.

Aquí vienen jóvenes del Sename, de la cárcel, de la calle o que tienen problemas de la drogadicción, o que no tienen problemas pero igual son acogidos, y aquí se unen sentimientos y se forma una relación bien grata”, insiste.

Nicole también entrega un mensaje para los jóvenes que día a día luchan por salir del mundo delictual. “Sí se puede cambiar la vida, hay un mundo más allá, uno puede superarse,  lograr las metas que se proponga, porque es joven. Nada más falta tener esa confianza y fe en sí mismos que sí se puede”, destaca.

“Nos hacía falta tener una ayuda”

Sentada al lado de Nicole, Giordana Cerda (19) también relata su experiencia en Paternitas, donde llegó hace cuatro meses. “No vengo aquí sólo por reinserción social, nunca he robado ni nada. Pero de parte de mi pareja sí hay problemas. Entonces mi suegra me mandó para acá y me recibieron no siendo delincuente ni nada de eso”.

“Al principio para mí fue difícil porque no sabía a qué venía, con quién me iba a encontrar, con qué tipo de personas me iba a relacionar. Entonces no me esperaba encontrar esta acogida que me dieron. Pensaba que terminando un curso me iba a ir, pero no fue así, todo lo contrario”, continúa.

Al igual que su compañera y amiga, la joven ya hizo dos cursos y “queremos una pasantía para que nos manden a trabajar por la conducta que hemos tenido, hemos sido las más responsables de todos”.

Y para este 2017 ya se matriculó en Trabajo Social. Por eso es que “no creo que pueda seguir viniendo a la fundación cuando entre a estudiar, pero sí voy a mantener el contacto porque ellos me han ayudado harto y me van a seguir ayudando”.

Nos hacía falta algo así, nos hacía falta tener ayuda de alguna parte y aquí la encontramos”, reflexiona.

 “Existe un sistema obsoleto”

Como coordinadora de los proyectos en Paternitas y empapada de la realidad inclusiva, Francisca Lewin es voz autorizada para hablar sobre las políticas de reinserción de los jóvenes que han aplicado los gobiernos hasta la actualidad, las cuales no duda en fustigar.

“Nosotros trabajamos mucho con cárceles o centros de jóvenes privados de libertad y hay buenos profesionales, buena infraestructura y buenos elementos. Sin embargo , es un sistema que está tan viciado, tan mal estructurado de raíz que todo se pierde”, dice.

Y añade que “un sistema burocrático, obsoleto, viciado, finalmente hace que se desperdicie todo, desde la estructura, hasta los profesionales y los usuarios. El sistema sólo saca lo peor de todos lo que lo conforman”.

En ese contexto,  comenta que “es muy complejo” realizar buenas políticas porque “los gobiernos duran cuatro años.  Entonces llega una administración nueva, se adapta, se aclimata, al segundo año recién comienza su gestión, y al cuarto ya están haciendo campaña. Y llega un nuevo gobierno y cambia todo”.

“Existe lamentablemente cierta desesperanza de que los gobiernos o la política sea capaz de resolver esto. Creo que esto se va a resolver cuando todos como ciudadanos asumamos que es un problema país”, agrega.

Y completa que “la única forma de generar consciencia a nivel social es con experiencia concreta. Creo mucho más en ese factor de cambio que en la campaña presidencial que anuncia un político, por ejemplo”.