Dentro de los cambios de paradigma que ofrecen las nuevas tecnologías, para bien y para mal, uno de los aspectos más afectados son las labores productivas. Si bien por un lado, la técnica amenaza con destruir gran parte de los puestos de trabajo tradicionales, por otro ofrece alternativas para aumentar la producción y generar jornadas laborales más cortas. Incluso para desarrollar labores de manera remota, lejos de los jefes y evitando los costos asociados al transporte.

En este escenario cambiante, la información es vital. Y la encuesta sobre las tendencias de movilidad del mercado laboral en Latinoamérica realizado por la consultora Citrix revela que un 49% de los chilenos estaría dispuesto a cambiar de trabajo incluso si otro lugar le pagase menos, pero le permitiese trabajar a distancia.

El estudio “El Trabajador Digital” señala que a un 46% de estas personas les gustaría trabajar por metas y no por horarios fijos. Por otro lado, un 39% de los encuestados dejaría su actual trabajo para buscar otro que les permita tener un mejor equilibrio entre su vida personal y laboral y un 45% dejaría su actual trabajo si tuviera acceso a trabajar de manera remota.

Es decir, casi la mitad de los trabajadores alcanzados en el estudio preferiría abandonar el modelo del cubículo y el puesto de trabajo por una alternativa remota que le deje mayor tiempo para “la vida real”. Este perfil, según Juan Manuel Gómez, Regional Sales Manager de Citrix, es cada vez más reconocible.

“Yo diría que este tipo de colaborador se suele caracterizar como alguien joven, pero el rango etario toma todo el espectro desde los 20 a los 60 años, según el estudio. El grupo que abarca los 30 años es de un 20% de la muestra. La tendencia no es sólo la de un trabajador joven, hay factores personales que priman mucho a la hora de determinar el futuro trabajo como estar cerca del hogar o el balance que se pueda generar entre trabajo y vida social, dice.

“Este factor en alza, es algo que nace hace pocos años y están heredados de otros temas de crecimiento, desarrollo personal y profesional que hoy son algo secundario incluso del sueldo. Si bien la remuneración sigue siendo una referencia importante, es cada vez un valor que los profesionales tranzan cuando se trata de lograr ese equilibrio. La idea del desarrollo de una escalera corporativa ha cambiado radicalmente”, sostiene.

-Este cambio que debería ir de la mano con avances tecnológicos, académicos y sociales, ¿qué otros aspectos culturales considera?
-Uno de los antecedentes relevantes del estudio es que la barrera de entrada que significaba la conectividad ya no es una barrera, sino una característica sin la cual ya hablamos de un retroceso. Al contar cada vez más con nuestros dispositivos personales desde cualquier lugar dentro o fuera de la red corporativa, surgen apuestas sobre el rol que se le asigna a la seguridad informática. En segundo lugar, las empresas están dispuestas a tomar esa responsabilidad en términos de un manejo seguro y lo están viendo como una oportunidad de concientizar a la gente y se les hace saber que son responsables de esta apertura también. No es sólo cosa de disponer herramientas, poner firewalls y controles internos, es necesario insistir en concientizar a la gente en el uso de todo esto. Esa seguridad debe ser parte del ADN de la cultura corporativa.

-¿Qué casos de éxito nos puedes mencionar sobre corporaciones que han adoptado este sistema de trabajo remoto como un capital?
-En efecto, muchas compañías han empezado a digitalizar el espacio de trabajo para que esos roles estén de cara a lo más productivo en términos de horarios o formas productivas. En estos lugares no se percibe el lugar de trabajo como tal, sino que puede serlo el hogar. Hay industrias que han profesionalizado este espacio para fortalecer la orientación al cliente y su productividad. Por ejemplo, en el sector financiero el consumo es más online y la atención al cliente más cercana. Se evita así que todos vayan a las sucursales como se hacía antes, ahora van a tu lugar de trabajo para gestionar un préstamo, una filiación o un seguro de vida. No es algo que dependa de una oficina física y esa tendencia de dotar de mayor capacidad a los roles también genera mayor flexibilidad y movilidad como anexos de un rol que sigue siendo tradicional.

-¿Finalmente cuáles son los riesgos que hay que superar en este estado incipiente del trabajo remoto?
-Creo que el principal riesgo actual es cambiar el paradigma de que el lugar de trabajo debe ser físico y tener un horario específico. Es necesario romper ese paradigma y entender que el trabajo no es un lugar sino lo que hacemos. Se han visto mejoras en la productividad y nadie ha planteado que el trabajo remoto genere contravenciones del modelo corporativo. En primer lugar, no todos los trabajos son susceptibles a un modelo flexible, que se plantean horario y lugares.