A lo largo de un video de una hora y 6 minutos de duración, el youtuber Germán Garmendia le habló a sus fans y les contó lo dramático que resulta para él cambiarse de casa cada vez que el acoso de sus seguidores alcanza cimas caóticas. Grupos de centenares de niños y jóvenes que golpean a su puerta a diario, se saltan murallas y tratan de grabar el interior por las ventanas.

Los menores, a los que Garmendia identifica como “el 0000000,1% de las personas” que lo siguen, lo extorsionan con publicar la dirección de su casa en internet para que salga a sacarse fotos con ellos, lanzan rocas a su casa y auto fastidiados porque el youtuber no abre la puerta –dice- y lo han obligado a cambiarse de casa una y otra vez.

“Me siento como en un zoológico”, se queja desde su nueva vida en México en compañía de su polola, la también youtuber Lenay Chantelle Olsen. “Se me hace imposible vivir en mi casa, se me hace un zoológico. Cuando uno se hace conocido la gente quiere sacarse fotos conocerte y verte. En la calle me tomo todas las fotos del mundo porque siento que es mi forma de agradecer”, dice Garmendia sobre la parte grata de su figuración viral.

El resto, es una pesadilla en la que asegura no puede grabar videos de día por las constantes interrupciones y el acoso. “Es difícil de entenderlo a menos que te pongas en mis zapatos. Nunca esperé que nadie lo entendiera, por eso esperé 5 años para decirlo”, se lamenta y agrega que tiene miedo de que lo consideren un malagradecido por plantear su molestia, pero la gota que rebalsó el vaso fue el hecho de que los acosadores introduzcan celulares por la ventana del baño en que se ducha su novia para captar algún video.

Incluso cuenta de la vez que un grupo de fans irrumpió en su casa una mañana y se instalaron en el living esperándolo para sacarse una foto. Haciendo gala de su humor, el youtuber dice que bajo esa lógica, él podría entrar a robar a una casa y si es dedcubierto decir: “Hey saquémonos una foto”.

Germán también sostiene sentirse “traicionado” por ese pequeño grupo de fans y pide privacidad “porque es un derecho”. En el resto del video describe  cómo esto también le trae problemas con sus vecinos que terminan considerándolo el culpable de los desórdenes.

Anticipándose a sus críticos, agrega un video en el que él mismo registra la violencia y majadería de los golpes en la puerta, el sonido constante del timbre, y cómo los fans se suben a los muros exteriores y merodean en las ventanas tapiadas con cartulinas para evitar las miradas desde el exterior. Incluso pegan sus teléfonos celulares en las ventanas para capturar alguna imagen. “Vivimos encerrados como ratones”, dice sobre la experiencia. Que lo llevará una vez más a buscar un nuevo hogar.