El estreno del lacerante nuevo Evangelio de Martin Scorsese, “Silencio”, basado en la novela de Shusaku Endo sobre el martirio de los sacerdotes jesuitas en el Japón feudal y ante un Dios aparentemente indiferente, sigue el llamado del director obsesionado con otros como él. Un taxista redentor de las calles neoyorkinas, un bróker ciego de adicciones y en este caso un par de sacerdotes jesuitas en tierra hostil en búsqueda de un misionero que habría renegado de la fe.

El silencio desolador que acompaña a los padres Rodrigues y Garupe a través de un país donde los hombres con crucifijos son torturados hasta la muerte es también el relato de una sociedad reciente en la que el propio dogma se considera la luz del mundo. Este incómodo aspecto histórico de un país donde el catolicismo se confundió con otra forma europea de la conquista y se proscribió durante dos siglos hasta la Restauración Meiji a mediados del 1.800, es recordado por el padre jesuita japonés Jun Nakai. Ordenado el año 2010, cuenta que la memoria de la persecución y muerte de los sacerdotes martirizados en este periodo es un relato central en la formación de la orden en la isla.

“A los jóvenes japoneses jesuitas en formación permanentemente se les alienta a aprender sobre este aspecto de la historia del cristianismo en su propio país. El provincial de Japón es Lenzo de Luca, un misionero argentino especializado en la historia del cristianismo japonés y que también ha dirigido por varios años el museo de Nagasaki. Cada jesuita que ha trabajado en Japón tiene presente este episodio como un hito que fortalece su fe. Personalmente admiro mucho a Petro Kibe Kasui, el primer sacerdote jesuita japonés que viajó a Roma en un extensor viaje para ser ordenado y que al regresar a Japón fue muerto. Como mártir, tengo grabado su modelo en mi fe como un modelo que impulse mi fuerza y creencia”, dice Nakai sobre el sacerdote del siglo XVII que es considerado “el Marco Polo japonés” y que habría sido el primero en llegar a Tierra santa.

En el camino de esa vocación, el sacerdote recalca que a diferencia de otras congregaciones, algo que caracteriza a los jesuitas es la marcha misionera más allá de toda frontera. En el caso de la tierra feudal hostil, Francisco Javier, el primer jesuita que pisó esas tierras encontró la bondad cristiana en un país donde la bondad y la diligencia del cristianismo se expresaba en un sincretismo que registró en una nutrida comunicación epistolar con el Vaticano. “Puesto que el principio espiritual jesuita es reconocer a Dios en todas las cosas y el lema de los jesuitas es “Ad majorem dei gloriam” (“Para la gran gloria de Dios”), la dificultad y la persecución no fueron obstáculo para detener la evangelización de entonces. La misma pasión de entonces motiva hoy el trabajo misionero para transgredir esas fronteras y publicar el amor de Dios, por agreste que sea el entorno”, dice sobre un combustible de alto octanaje.

Esa pasión mezclada con los intereses políticos de un siglo de expansión, se cruzaron frontalmente con Japón cuando diversas curias forzaron ideologías europeas a contrapelo del budismo. Casi 500 años después, el cristianismo no supera el 0,5% del total de creencias del país y,”tal como lo expresa el autor de la novela en que se basa la película de Scorsese, siempre ha existido un gran desafío y dificultad para llevar el valor de la cristiandad a la tierra de Japón”, cree Nakai.

“En los misioneros del siglo XVI y XVII, vemos minuciosos esfuerzos por introducir los conceptos del cristianismo a través de los conceptos y la cultura propias que ya tenía Japón. Los católicos establecieron muchas escuelas que entregan los valores de los cristianos a través de la educación. Nosotros dirigimos Centros de Apostolado Social que están comprometidos en problemas locales y cuya contribución es prosperar la paz y la justicia en la sociedad japonesa, pero no aumentar el número de cristianos”, explica el sacerdote.

-Respecto al mensaje de “Silencio”, ¿Tiene alguna una reflexión sobre el rol de los medios masivos como evangelizadores?

-Mi respuesta es un sí y un no. Primero porque en el caso de la novela original  llevada al cine puede haber una malinterpretación desde el título: “Silencio”. Tendemos a creer que Dios no nos habla sino hasta el final del relato, pero el mensaje principal es que Dios habla durante toda la narrativa al protagonista y le dice que nadie puede juzgar a los otros, que sólo Dios conoce el corazón de los hombres. Principalmente cuando el autor describe gráficamente a Jesús preocupándose de los más débiles. Jesús es el Dios que perdona y acoge, cuya mirada hacia los pobres y débiles es muy diferente de la mirada que el hombre tiene sobre los mismos. Él conoce el sufrimiento de las personas y sus luchas anque parezca no hablarnos. Y Jesús sufre también con nosotros. Generalmente nos enfocamos en la fuerza y entereza de los mártires, pero el mensaje de la obra es que Dios no abandona a ninguno de sus hijos.

“Respecto a la crítica del reflejo de las luchas de la fe del autor de la novela, hay unas palabras muy famosas de Shusaku Endo que dicen que la fe es 99% de duda y 1% de esperanza. Japonés y católico, Endo vivía esa lucha a diario y hasta el final de su vida en el sentido de que el cristianismo viene de fuera.  Él siempre vivió esta dualidad conflictiva de ser un japonés que profesaba una religión proveniente de otro lugar. Esta duda paralela puede orientar a la gente que tiene  dudas sobre el cristianismo y puede conducirlos al punto de partida de su fe para entender los valores de la cristiandad. Sin embargo, para crecer en la fe, tenemos que ir más allá de ese nivel. Esa es mi opinión.

-La tesis de “Silencio” es también esa cuestión humana permanente de la que habla usted: la aparente pasividad de Dios ante el sufrimiento humano. ¿Qué argumentos tiene el sacerdote hoy para afrontar esta gigantesca duda?

-Es cierto que ante el sufrimiento humano, la apariencia de una pasividad por parte de Dios es el escenario más comprensible para muchos. Pero Jesús está sufriendo con la gente que sufre. ¡Qué fuerte es la figura de Jesús que nos entrega Endo en la que el padre dice a sus mártires: “pisa sobre mí, pisa sobre mí”!. Sin embargo, los aspectos de Dios no son sólo esta pasividad. También experimentamos su gloria en experiencias positivas de nuestras vidas. En mi experiencia puedo hablar del Ejercicio Espiritual del jesuita, nuestro tesoro espiritual que nos da la experiencia de encontrarnos con Dios hasta el punto de que nunca podemos dudar de su existencia. “Silencio” puede ser un buen punto de entrada al cristianismo, pero no de todo el cristianismo. Tenemos que ir más allá, hacer solidaridad con el pueblo en sufrimiento y defender la justicia y la paz.

 

“La inculturación es la unión entre el Evangelio y la cultura de un pueblo”

Marcial Sánchez es Doctor en Historia y Profesor de Historia de la Iglesia en la Universidad Católica. Desde su perspectiva académica y de practicante explica el enfrentamiento de los japoneses y los nuevos códigos de entendimiento, de algo desconocido y una nueva forma de pensar de los cristianos con sotana del Viejo Mundo. “Podemos plantear que los jesuitas a través del testimonio cristiano que es la primera forma de evangelización, van con la misión de proclamación del misterio de Cristo a todos los hombres, que encuentra en Jesús resucitado la experiencia de una salvación que no se hallaba en ningún otro lado y que comparten esta experiencia salvifíca con los demás”, dice.

“De hecho el significado primitivo de la palabra ‘martirio’, de origen griego es ‘testimonio’. Bajo este precepto, encontramos los 26 mártires de Japón, los que fueron crucificados en Nagasaki, el 5 de febrero del año 1597. La orden de esta ejecución la dio Toyotomi Hideyoshi en la persecución cristiana ordenada bajo su mandato”, agrega el académico.

“Hoy en día, es cierto, hay algunas encuestas que hablan de un avance del cristianismo en el Japón, señalan que el 4% de los 127 millones de residentes de Japón y el 7% de sus adolescentes, profesan la religión cristiana. Es una cifra importante”, señala sobre los frutos de ese martirio.

Respecto a otra persecución contra los jesuitas en América, Sánchez realiza la ponderación respectiva: “En América es distinto porque llega la Iglesia Católica acompañando la conquista, hecho que trae consigo, por una parte, la fuerza de la imposición de las ideas, y por otra, la búsqueda del Dios vivo en las culturas americanas que ocupaban el territorio”

Sánchez, quien también dirige el proyecto de investigación “La Historia de la Iglesia en Chile”, define el modelo misionero tradicional, el del llamado del apóstol Pedro, es descrito por el Doctor en Historia como una inculturación o unión entre el Evangelio y la cultura de un pueblo. “Esto teniendo siempre presente como dice Juan Pablo II, recordando a Mateo, “No tengáis miedo”. Nos repite también a nosotros Jesús, modelo incomparable de catequista en su ministerio de primer evangelizador. El no vaciló jamás frente a las dificultades, y quiso que los suyos lo siguieran sin temor y sin vacilaciones: “Os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos”.