Durante varios años el escritor, fotógrafo y productor chileno, Manuel Martínez Opazo, viajó frecuentemente   a la selva, se internó en esos parajes infinitos, compartió con las etnias y conoció cómo trabajaban los curanderos. Buscaba ayudar a un amigo que había caído en la drogadicción. Sin proponérselo siquiera conoció de primera fuente las fuerzas sanadoras de las tribus, experimentó con la ayahuasca (palabra quechua que significa “liana o soga de los espíritus”) y se abrió un nuevo mundo ante sus ojos.

Esa experiencia, que le permitió viajar al centro de su alma, la plasmó en su nuevo libro “Brujos, Magia y Conciencia de los Curanderos del Uyacali”, que lanzó este martes en el Cine Arte Alameda. El texto muestra su relación con los curanderos del Ucayali, en la selva del Perú, y con las comunidades Shipibo Conibo. El autor ha publicado otros siete libros en los géneros de la poesía, ensayo, cuentos para adultos y niños.

Martínez cuenta que en 1998 un amigo suyo fue ingresado en una clínica de rehabilitación para drogadictos. Cuando logró verlo se dio cuenta que había engordado y estaba bajo un fuerte tratamiento con fármacos. Se preguntaba qué se podía hacer con él,  qué otras terapias se le podía aplicar. En esa fecha viajó a la ciudad de Tarapoto, en el Amazonas de Perú, y descubrió un lugar donde se rehabilitaban  personas que habían caído en la droga y alcoholismo. El recinto, denominado  “takiwasi”, había sido creado y dirigido por el doctor Jacques Mabit, uno de los fundadores de Médicos sin Frontera.

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“Llegué a ese sitio y comencé a investigar sobre el cómo se realizaban las terapias de rehabilitación y curiosamente descubrí que era con plantas medicinales, específicamente ayahuasca o yagé. Así nacieron mis primeros borradores de este  ensayo”, describe.

– ¿Qué conocimiento te entregaron las comunidades que conociste, qué mirada de la vida te imprimieron?

–  Adentrarse a la selva es desde ya mágico, todo es una constante armonía de paz, no existen esos tiempos de convulsión del mundo que llamamos civilizado. En estos lugares está en plenitud el universo libre, nada está sujeto al tiempo del reloj, pero todo fluye, muta en forma armónica y cambia. Cuando converso con curanderos y le escucho sus postulados de la vida me pregunto cómo no son profesores universitarios, cómo no están dando clases de filosofía, ética, o simplemente enseñando lo simple que resulta ser feliz, con el solo hecho de conocernos y sabernos parte de un universo tan perfecto.

 – Estamos en un ciclo de la vida en que mucha gente se está volcando a lo espiritual. A quienes lo hacen, ¿cómo los puede ayudar este libro?

–  Al leer este ensayo, donde se plasman muchas vivencias y se citan algunos textos que han sido seleccionados para complementar mi relato, como el libro de Claudio Naranjo “Ayahuasca”, tendrán la posibilidad, primero, de desmitificar una planta medicinal, que por absurdas formas de utilizarla, se transformó en un momento en materia de cuestionamiento y se le ha visto como una droga. Esto es un error ya que es una planta medicinal, no es un alucinógeno, es un antígeno.

“Cuando usas algo desconocido y crees que es para el ‘volón’ del fin de semana cometes un terrible desacierto; estás jugando con fuego, por lo mismo siempre es recomendable que este tipo de plantas las tomes acompañado por las personas correctas, en el momento preciso y no salir a experimentar con el primer ‘chanta’ que se autodenomine ‘chaman’. En los tiempos que vivimos muchos seudos iluminados dictan cátedra de todo aquello que comento en el libro, pero ¡cuidado! a la hora de no hacer la toma con esa persona adecuada. Siempre es bueno aprender a identificar quién es quién”, remarca Martínez.

El autor hace hincapié “en que en este deseo de buscar la espiritualidad hay patrones que debes aprender a distinguir. Si dejas que te administren personas inadecuadas, seguro estarás en el camino inapropiado”.

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“Adentrarse en este mundo místico es una experiencia única y propia”

– En lo personal, ¿qué te dejó este trabajo?

– Estuve investigado muchos años antes de hacer la primera toma. Me demoré una década en entrar en el mundo de la yahuasca. Antes visité comunidades, hasta que logré conocer a los Shipibos Conibos, nativos que viven en la rivera del río Ucayali. Se les define como los ayahuasqueros por naturaleza. Con ellos hice mi primera toma, hasta repetirla unas 15 veces en diferentes lapsos.

 “Sin duda adentrarse en este mundo místico es una experiencia única y propia, todo lo que pueda relatar es poco y hasta falta el lenguaje. Solo he comprendido que es tan inmenso mi universo personal y a la vez menos complejo de lo que muchas veces lo queremos hacer parecer. Soy un ser materializado para cumplir una misión, como cada uno de ustedes que leen. Y somos además parte de una gran cadena en la que representamos miles de eslabones que hacemos que el mundo permanezca, siga, sea mejor o peor, más no depende de nadie más que de ti que todo cambie. Por lo mismo, busco por medio de este libro entregar algunos lineamientos que me han sido enseñados con el objetivo de iniciar una discusión: que hay otras alternativas posibles de alivianar el cuerpo físico como el espiritual y no solo está sujeto a la medicina contemporánea o las religiones que administran la fe. Hay otras formas de darle alimento al espíritu y limpiar el cuerpo. Y esta sin duda puede ser una de esas posibilidades”, completa.

AUTOR: Patricia Schüller G.
FUENTE: Patricia Schüller G.