En un mundo globalizado, donde la individualidad prepondera sobre cualquier otro canon de convivencia, Tenemos Explosivos rompe el molde para conceder un acto poético. La cotidianidad de esta banda, ligada a la escena hardcore, es incierta: su vocalista Eduardo Pavez se radica en Europa, actualmente en Londres. Sin embargo, esto no es escollo suficiente para seguir dando fuego.

Conformada por Pavez, Juan José Sánchez (guitarra), René Sánchez (guitarra), Álvaro Urrea (bajo) y Matías Acuña (batería), la banda ha encontrado la fortaleza para mantenerse vigente por casi 8 años. Dos discos de larga duración, giras nacionales e internacionales, que cada vez conglomeran más asistentes, y un tercer disco en proceso respaldan aquello.

Imagen foto_00000016Pese a que en un principio fue complejo, y los impulsos de desertar rondaban constantemente al quinteto, donde incluso probaron a otro vocalista sin conseguir resultados satisfactorios, actualmente asumen que el proyecto cuenta con sus “condiciones de juego” bien definidas. Así lo explica Eduardo Pavez Goye en entrevista con La Nación.

“En teatro argentino se habla mucho de la condición de juego. Una obra tiene su condición de juego, donde los actores están en un cuadrado y no van a salir de ahí. Creo que la banda tiene como condición de juego el hecho de que yo no vivo en el país. Entonces, Tenemos Explosivos sigue siendo un proyecto sumamente importante para todos, pero tiene ese componente”, comenta el dramaturgo.

A la hora de analizar si esta condición de juego es positiva o negativa, el frontman no logra llegar a una categórica conclusión: “Tiene ventajas y desventajas. Por un lado tocamos menos, pero hay una mayor expectativa cuando lo hacemos. Aunque también tiene zonas de trampa, pues hay quienes piensan que ya no estamos tocando, gente que no sabe que la banda todavía existe”.

“Además, ahora los tiempos de composición son más largos. Los chicos componen algo, lo mandan, lo analizo, lo devuelvo, mando pruebas… Ese proceso tiene un tiempo más laxo y que no hubiese sido posible si estuviésemos todos en la sala de ensayo desde el día uno. En lo personal, me genera complicaciones, porque hago el trabajo vocal muy solo, y yo oficio de músico, pero no tengo una formación musical. Entonces, para mí no es tan fácil como para René o Juanjo, que son músicos y dominan sus instrumentos bien y pueden desarrollar una narrativa de musicalidad. Para mí esa narrativa emerge desde la letra, y la cantada es algo que tengo que hacer porque soy el vocalista. Pero conozco mis limitaciones y por eso me debo apoyar en los muchachos. Las condiciones de juego plantean ese doblete, hay tiempo para desarrollar los temas, pero el feedback inmediato ya no está”, señala.

Pero Eduardo no queda del todo conforme con su respuesta, se da un tiempo para reflexionar y vuelve a la carga: “La experiencia de este modus operandi me sirve para alimentar a la banda con algo que no podría estando en Chile, y eso se nota a la hora de plasmar mis letras, las cuales hubiesen sido diferentes si estuviera viviendo acá. El contexto influye en la creación”.

Respuesta que da pie para llevar la conversación a algo tan particular como las líricas de Tenemos Explosivos. Y es cierto, pues las melodías de la banda podrían llevar a recordar a otros conjuntos, quizás sus influencias en la música, pero las letras de las canciones son su huella de identidad.

Tragedias griegas, hitos históricos, teatro clásico y Nietzsche son parte de la imaginería plasmada en el papel, que mezcladas con la ira, amor, desencuentro e injusticia dan vida a la esencia de la banda.

Al respecto, Pavez explica de dónde emerge este campo temático: “No sé si es instintivo, pero guarda relación con una afinidad estética. Por ejemplo, cuando formamos la banda me dio la imagen de los bombardeos en Kosovo y pensé que sería bueno trabajar esta imaginería. Así con obras que había escrito antes, que hablaban acerca de bombardeos, que es una temática que tengo bastante desarrollada hace rato. Después, cuando llega el segundo disco, mi intención era armar una narrativa, pero no puedo armarla a partir de temas, entonces la narrativa tiene que ser en términos de imaginería. Y así aparece un viaje por Europa y América por diferentes momentos de violencia, guerra, encuentros, etc.”.

“Soy mucho de reciclar material, escribo bastante y lo que escribo lo utilizo en una novela, en un video de la banda o en una letra de una canción. Creo que la autoría es más orgánica cuando emerge del material que voy haciendo en vez de pensar solo en el objeto que estoy construyendo. Y, por ejemplo, Cuerpo al Aire vino de un trabajo que estaba haciendo en mi obra de egreso de teatro, que hablaba sobre la gente que se quema a lo bonzo en Chile, el descontento social, Eduardo Miño Pérez y esa temática. Incluso, Cuerpo al Aire era el título de una canción que yo había escrito solo en mi casa  y dije ‘me gusta este título, algún día lo voy a usar’. Entonces, estoy constantemente guardando material que utilizo después. Mi teoría es que, al ser material que no solo emerge del objeto, sino que viene de afuera y lo resignifico en el objeto, luego es posible ser resignificado, porque no está amarrado a lo que es ese objeto”, remarca.

Imagen foto_00000018

– Y también permite que las canciones sean reinterpretadas.

– El juego es ese. Creo que me ha pasado con la banda, pero no en otros rubros. Por ejemplo, cuando yo hago una obra de teatro y un actor dice mi texto, sé que es mi texto, y el autor no se lo está apropiando como si le perteneciera a él, sino que está diciendo el texto que Eduardo Pavez escribió. En cambio, cuando tocamos en vivo el efecto es distinto. Yo estoy cantando y el público está cantando, pero no hay un acuerdo de que yo soy el autor y la canción tiene un sentido específico, sino que la persona que está cantando tiene su propia versión. Y me han dicho: “oye, tú nunca vas a saber lo que para mí y mi polola significa esta canción, porque bla bla bla…”. Y pienso, claro que nunca voy a saber, porque es imposible que lo sepa, porque la belleza del gesto performático pasa por ahí.

“No sé si es mi deber, pero sí mi interés a la hora de armar las letras es crear esos espacios. Yo no puedo explorar cada letra hasta el final porque no tengo tiempo. El tiempo de la canción es limitado, pero puedo decir para allá hay un gesto y para allá hay otro, y podemos explorarlo cada uno en la suya y cuando cantemos y nos encontremos en escena vamos a ver qué significa para ti y para mí. Es más, hay partes de canciones que no tenían relevancia para mí, pero al cantarlas en vivo tienen más importancia para la gente de la que yo le daba. Entonces, es bellísimo amar estos espacios y que las letras se resignifiquen como quieran”, agrega.

Y en cuanto a la particularidad de las líricas, el también fotógrafo y audiovisualista de oficio explica que “yo soy escritor, me dedico a escribir todo el día. Entonces, cuando se da la posibilidad de escribir las letras digo ‘buena, tengo un espacio’. Aparte, escribir letras ya es particular, porque contiene muy poco caracteres, muy poco espacio y encima hay una melodía. Entonces, tiene una serie de condiciones de juego que, para mí como autor de teatro, me obligan a inventar una forma de armarlas. Quizás lo que se ve como particularidad en las letras, está en el dispositivo a la hora de escribir. Siento que la particularidad de las letras de Tenemos Explosivos va más en las estructuras que en el contenido”.

“Lo que sí, detesto que la letra sea corta y la tengas que repetir varias veces. Tienes tanto espacio y hay tantas cosas que decir… Hay bandas como Riff, que son medios hippie rock juvenil, que quizás está bien que canten tres veces la misma letra en una canción. Pero en esta banda no me puedo permitir ese lujo, entonces a veces termino con letras que son anormalmente largas y a la hora de grabar debo hacer una edición”, enfatiza el autor. 

– Tal como “el huevo o la gallina”, ¿el nombre direccionó las letras o al revés?

– Pasa que en el primer periodo de la banda está todo muy mezclado, no podría separar los elementos. Calzaron las piezas sin necesariamente saber qué iba a pasar. Igual en el primer disco me sentí entrampado, porque pensé “¿de qué hablo, estoy condenado a hablar de esto siempre o tengo aristas?”. El nombre genera una expectativa. Si te llamas los asesinos, no te vas a poner a cantar del amor con tu mamá, existen límites lógicos. Pero ya no me siento en una camisa de once varas, que tengo que decir algo de X características. Las letras se han moldeado hacia lo que me interesa, y lo que me interesa he aprendido a transmitirlo en cierto código que hablan las letras.

Imagen foto_00000020

“EL PÚBLICO HARDCORE ES COMPROMETIDO, PERO DEMANDA MUCHO”

Si bien encasillar a Tenemos Explosivos a algún determinado género musical sería una tarea titánica, pues incluso ellos prefieren simplificarla y denominarse “banda de rock”. Se les reconoce por su cercanía a la escena hardcore, tema que ha invitado a más de alguna conversación entre sus integrantes.

“Lo discutimos al inicio de la gira, en particular por lo que pasó en el MFEST, que se hablaba de la noche hardcore… Nos daba una pequeña vergüenza, porque nosotros no somos hardcore. Es más, yo no tengo ninguna autoridad para hablar de hardcore. No escucho hardcore, no conozco muchas bandas de la escena salvo con las que hemos compartido escenario, no soy de ahí. Me siento como un villano invitado a esa escena y trato de aportar lo que puedo, pero veo desde afuera. Juanjo viene de esa escena, con Asamblea Internacional del Fuego y se maneja más en el cuento. Pero creo que vemos como banda a la escena hardcore como el lugar que nos acogió cuando partimos y en el camino”, revela Eduardo.

En todo caso, la voz de Tenemos Explosivos reconoce las bondades que otorga deambular, ya sea como foráneo o no, la escena del subgénero del punk. “El público del hardcore es súper especial, porque es muy comprometido. Cuando una banda saca un material, van a las tocatas, compran el disco, la polera… Es más comprometido que en otras escenas, pero a la vez es un público que demanda mucho. Cualquier paso en falso que puedas dar, el público te lo cobra. Y ese doblete te recuerda que hay ciertos límites en este juego”.

– ¿Les acomoda ser parte de esa escena?

– No sé si nos acomoda, pero se siente bien estar ahí. Cuando vamos a la tocata y el cabro se consigue el amplificador, y nos quedamos en la casa de la tía y hacemos porotos con la mamá del cabro… Esa estética, en particular, me parece muy atractiva. Es algo que no se da en otras escenas.  Los muchachos venían de escenas que son similares y tenían aprendido esto, pero para mí ha sido nuevo a partir de Tenemos Explosivos. Nuevo y muy grato.

– Desde mayo del 2015 que no tocaban en Chile, ¿cómo fue el reencuentro con el público nacional?

– Fue un reencuentro especial, porque René no tocaba hace dos años con nosotros, pues no pudo ir a la gira en México. Entonces, reencontrarnos con el público fue reencontrarnos con René.

“Ahora, fue extraño también porque inauguramos la gira en el festival de Matucana 100, donde el escenario estaba a cuatro metros del público, siendo que nosotros siempre hemos tenido al público encima. Jugamos con ellos, les tiramos el micrófono. Para nosotros es como la niñez, juntarnos a jugar a los autitos con los amigos, así veíamos la interacción con el público. Fue extraño, porque después de mucho tiempo me cuestioné cómo iba a ser ese reencuentro tan lejano, o más lejano de lo habitual. Al principio sentí que era tocar por Skype, así que no me aguanté y en la última canción me acerqué al público e interactué con ellos desde la proximidad. Me di ese gusto”, recuerda, aludiendo a la tocata realizada el 13 de enero pasado.

Imagen foto_00000024– ¿Tenemos Explosivos jamás estuvo pensado para vivir de la música?

– Todo el rato emerge ese discurso doble. Me encantaría que fuese así, pero a la vez no sé si me encantaría. Sí porque se siente bien, porque estoy con mis amigos y hago lo que me gusta. Pero a la vez también involucraría una serie de consecuencias que no sé si son tan entretenidas. Creo que la banda no tiene nada que perder si sale todo mal, y esa es una ventaja. No quedamos en la calle si el disco no le gusta a nadie. Tenemos esa posibilidad de hacer un tercer disco y fallar. Esa tranquilidad no me la daría el hecho de vivir de la música.

“Si viviéramos de esto, deberíamos buscar concesiones, tener auspicios, y Tenemos Explosivos auspiciado por Adidas suena raro. La consecuencia de vivir de la banda me aterra un poco, sobre todo por la precariedad del arte. No somos los Chancho en Piedra, no somos Alex Anwandter, entonces el público que tenemos no es el masivo. Y no podemos aspirar a todo el mundo si hacemos música para un grupo. Existimos en esa dualidad”, añade.

– Pero su público es cada vez más transversal…

– Es la lógica de una banda que sigue trabajando. Creo que inevitablemente, como pasa el tiempo, el público también comienza a llegarle la banda más tarde. Hay gente que nos escuchó hace dos meses y que en esta gira se ha acercado para felicitarnos. Es bonito que alguien llegue así de tarde a la banda y que le haga sentido. Es como que a alguien le empiece a gustar recién Metallica y diga “me encanta el último disco de Metallica, ¿tendrán más discos?”. Tienen 30 años de carrera, pero a ti te sorprende que tengan toda una discografía hacia atrás. Es un gesto inocente y bonito en ello, y creo que el público que viene llegando tiene ese color. Además, la banda tiene esto de que si bien tiene temáticas políticas, no es cien por ciento panfletaria, o si lo es no lo es explícitamente. Entonces, toda esta conjunción de elementos que son, pero no son radicalmente, llama la atención.

– ¿Eso es lo que motiva a seguir haciendo esto a pesar de la distancia y otras barreras?

– Buena pregunta porque no sé si la motivación juega un papel importante, creo que hay un compromiso afectivo. Hay una relación con cinco personas, en la que me encuentro siempre en deuda con mis amigos de banda. Es más, hay momentos en que no quiero hacer la letra, no quiero grabar, no quiero tocar, no quiero venir a Chile porque prefiero quedarme allá con mi mujer… Como a veces uno no se quiere levantar de la cama para ir a trabajar, eso me pasa. Sin embargo, hay un compromiso afectivo de realizarlo, y eso a la larga termina dando frutos positivos emocionales. Me gusta hacerlo, aunque muchas veces no estoy motivado. Pero hay cosas que se resuelven  porque tienes una deuda histórica. 

Imagen foto_00000029

“EL NUEVO DISCO SE GRABA DESDE LA EXPERIENCIA”

“Durante enero grabaremos el próximo disco. También será el momento de gritar juntos”. De esta manera la banda anunció la gira que actualmente los tiene recorriendo distintas regiones de Chile, pero paralelamente volviendo constantemente al estudio a grabar lo que será su tercer disco.

Al ser consultado cómo va el proceso, Eduardo se complica un poco. “No sé –ríe–. Va bien, es complicado grabar el disco porque hay poco tiempo. En mi caso, viajar en avión te hace bolsa la garganta, hay un aire acondicionado fuerte, yo me abrigo, me cambio la polera en el avión, llego. Después vamos al sur, tocamos. Viajo a ver a mi mamá fuera de Santiago, vuelvo. Entro al Metro hace un calor horrible, salgo y hace frío. Se me hace pedazos la garganta. Todo el rato estoy con la garganta a punto de romperse, entonces grabar un disco en estas condiciones es como jugar en difícil un juego de video”, reconoce.

Pero más que sus complicaciones vocales producto de factores externos, al letrista lo inquieta la manera en que han tenido que desarrollar el disco. “Antes de entrar a grabar nunca habíamos tocado esas canciones, porque no hubo instancia para probarlas. Yo solo conozco estos temas en términos radiofónicos. Hasta que empezamos a grabar, los temas solo existían en su concepción ideal, entonces, el disco se graba desde la idea del disco y no como el primero que se grabó desde la experiencia del disco”.

“Un ejemplo, Uróboros no me gustaba para nada. No me gustaba la cantada, como aterrizaban las fraseadas… No me gustaba porque la grabé desde la idea, pensando que debía sonar de tal manera, pero cuando me llegó el tema, la concepción que tenía no se condecía con cómo acabó sonando. Y me gustó recién cuando me junté con los muchachos en la gira de mayo, donde Juanjo me dijo: ‘Uróboros está mortal, me gusta mucho este tema’. Yo no lo podía creer, hasta que me explicó que ‘cuando la guitarra hace esto y la voz esto otro. Cacha como se mezcla’. Ahí entendí, porque él le entraba por otra parte, pero por donde yo le estaba entrando no funcionaba. Entonces, la experiencia ahora con el objeto es diferente. Grabamos desde la idea y la experiencia viene cuando nos juntamos, pero hay que aprender a querer los temas como aprendimos a querer el nombre de la banda”, explica.

Imagen foto_00000030– ¿Cuál es el campo temático de este nuevo disco?

– Me cuesta mucho decir si tiene un foco en particular. Ya tengo las letras hechas, las cantadas claras… Este disco es como si te tomaras un café con alguien y te contara algo que pasó. Es mucho más claro que el segundo en cuanto a lo que ocurre. Es un disco que tiene mucha pequeña imagen, como en Virgen de los Mataderos se habla de revolver el café, de llegar a besar a la mamá, acá hay mucho de esos detallitos que engloban algo más grande. La intención es contar un cuento.

– ¿Hay fecha de lanzamiento?

– No tenemos una fecha específica, queremos que salga para el segundo semestre. El disco debería estar listo, al menos en términos ideales, en tres o cuatro meses más, pero desde que un disco está listo a que salga se demora.

– ¿Volverás a Chile para presentarlo?

– Quiero volver para lanzar el disco, pero hay que encontrar formas de financiamiento sin depender de un Fondart o ese tipo de instancias, al menos por ahora. Esa es una de las dificultades del juego.

Por ahora, Tenemos Explosivos se enfoca en avanzar el nuevo disco y darle un cierre inolvidable a la gira, que despide a la Virgen de Los Mataderos. El adiós a esta pasada se llevará a cabo este sábado 28 de enero, en Centro Arte Alameda. Cita que está pactada para las 22 horas, donde la banda hizo un claro llamado a sus fanáticos: “Será la última fecha en un buen buen tiempo, acompáñenos a cerrar el ciclo… ¡A pasarlo como si fuera la última!”.

FUENTE: Hermes Domínguez Vásquez