Hasta ahora telescopios y radiotelescopios pueden “leer” rastros de luz y otras radiaciones para intuir con total precisión las fuerzas y objetos del universo más distantes y profundos. Imágenes que nos sorprenden a diario y que, con una pincelada artística, nos aproximan algunos de esos descubrimientos fundamentales del cosmos que pueden verse gigantescamente potenciados con la confirmación del descubrimiento directo de las ondas gravitacionales.

Equipos internacionales de investigadores anunciaron el jueves la primera detección directa de ondas gravitacionales, un avance mayúsculo para la física que abre una nueva ventana al universo y sus misterios.

“Este paso adelante marca el nacimiento de un dominio enteramente nuevo de la astrofísica, comparable al momento en que Galileo apuntó por primera vez su telescopio hacia el cielo” en el siglo XVII, dijo France Cordova, directora de la Fundación Nacional Estadounidense de Ciencias (National Science Foundation), que financia el Observatorio Estadounidense de Interferometría Láser,  LIGO.

El hallazgo de las ondas gravitacionales acaba de ser publicado en la revista estadounidense Physical Review Letters, el paso fundamental de todo descubrimiento que exige la revisión de pares y su difusión oficial. Hace pocos meses se convirtió en un secreto a voces que requería ser confirmado por la comunidad científica. Si bien su existencia era una posibilidad hace 100 años desde la predicción que Albert Einstein hiciera en su teoría general de la relatividad de 1915 y fuera apoyada en 1974 de manera indirecta por las mediciones en un púlsar de Russell Hulse y Joseph Taylor (que les valió el Nobel de Física), la cautela exigía llegar a este paso previo.

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Pero, ¿qué son las ondas gravitacionales? A menudo son ejemplificadas con una pesada bola recorriendo las tramas de un tejido y dejando huellas de esa masa a lo largo de su recorrido. Es decir, esas fibras son esas curvas en el espacio y el tiempo que llegan a los sensores de la Tierra cargadas de información de grandes fenómenos gravitacionales que han tenido lugar a miles de millones de kilómetros luz de distancia o en tiempos en que el universo recién comenzaba.

Agujeros negros, movimientos de estrellas, colosales estallidos y el paso de cuerpos celestes por el entramado, son el equivalente a “escuchar el universo”, una variable que se suma a nuestra actual percepción óptica y química del espacio. En lenguaje de niños, es como si ese tradicional juego del teléfono elaborado con dos vasos plásticos y un largo cordel nos transmitiera todo lo que sucede entre el receptor de la llamada y lo que vibra en medio del cordelito.

Estas perturbaciones se desplazan a la velocidad de la luz en la forma de ondas y nada las detiene. El fenómeno adelantado por Einstein se confirmó en la medición de las ondas gravitacionales detectadas el pasado 14 de septiembre y que son interpretadas como la última fracción de segundo antes de la fusión de dos agujeros negros, objetos celestes aún misteriosos que resultan del colapso gravitacional de enormes estrellas.

La posibilidad ideada por Einstein acaba de ser observada empíricamente y el análisis de datos agrega que esos dos agujeros negros se fusionaron hace unos 1.300 millones de años cuando cada uno de ellos contaba con un tamaño entre 29 y 36 veces más grande que el sol.

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“Las ondas gravitacionales pueden ser aún más revolucionarias de lo que ha sido el telescopio, porque son diferentes de las fuentes luminosas. Este descubrimiento genera entusiasmo para la física y es muy prometedor para la astrofísica y la astronomía”, cree el astrofísico David Shoemaker, responsable por LIGO en el Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT).

En tanto, Tuck Stebbins, jefe del laboratorio de astrofísica gravitacional del centro Goddard de la Nasa, aporta que la oportunidad de poder ver las radiaciones de la gravedad, como la fuerza que controla el Universo, “nos permite observar los fenómenos más violentos y fundamentales del cosmos, que de otra forma son imposibles de observar”.

De hecho se espera que las primeras aplicaciones prácticas de este nuevo indicador sean cálculos imposibles hasta ahora sobre los agujeros negros, que dada su ausencia de luz no podían ser cuantificados desde ningún aspecto.

 

►Las ondas gravitacionales explicadas en sencillo

AUTOR: La Nación
FUENTE: Carlos Salazar