La película protagonizada por Benjamín Vicuña y Luis Gnecco funciona como un eficaz filme de suspense narrando el caso que fue portada en todos los medios nacionales durante varios meses del 2010. Explorando el Síndrome de Estocolmo y las consecuencias de la enfermiza relación entre víctima y victimario, con una cuidada fotografía y expresivos primeros planos, el trabajo de Matías Lira se levanta como una ficción, si bien imperfecta, necesaria e intensa.

Hay que revisitar la historia por muy dolorosa y reciente que sea. Esa es la invitación que nos hace el segundo largometraje de Matías Lira, “El bosque de Karadima”, que se estrenó esta semana y en un momento en el que un sector del público reclama que parte del cine nacional se haga cargo de los conflictos sociales que nos han remecido.

Y en este filme el realizador crea una ficción para volvernos espectadores de la vida de Thomas Leyton, personaje que se acerca a la biografía de James Hamilton, quien desarrolló desde la década del 80 con el sacerdote Fernando Karadima una relación plagada de violencia y abusos tanto sexuales como de poder.

Imagen foto_00000014Bajo la sotana, un carismático, a veces taimado y siempre dominante Luis Gnecco encarna al cura todopoderoso en su feudo de la iglesia de El Bosque, donde usa su posición de poder para conocer a los jóvenes de la parroquia entregándoles, con la experiencia de quien ha esuchado mil confesiones, el afecto y guía que necesitan.

En la otra vereda está Thomas, interpretado por Pedro Campos en su complicada juventud, etapa en la que es deslumbrado por la figura del párroco que lo acoge en su desamparo emocional. Benjamín Vicuña toma el rol de Leyton en su adultez, período en el que Karadima ya se ha apoderado de su voluntad, más entregada que arrebatada a la fuerza.

La película narra con irregular intensidad el caso que fue portada en todos los medios nacionales durante varios meses del 2010, dejándose llevar en ciertos pasajes por lo pedagógico y lo explícito, pero sin realizar golpes de efecto fáciles y juicios valóricos, vicios en los que suele caer el cine que se disfraza de denuncia. ¿Pero cómo hacer interesante una historia tan conocida?

“El bosque de Karadima” en su rol de película necesaria no sólo cumple con contar una historia basada en hechos reales que funciona eficazmente como filme de suspense, sino que explora y desmenuza la sordidez del Síndrome de Estocolmo. Es que la dependencia y especie de afecto enfermizo que se genera entre abusador y abusado es de lo más alto del metraje, entregando escenas cuya tensión por momentos logra traspasar la pantalla a base de expresivos y pulcros primeros planos.

Desde luego hay crudas escenas de masturbaciones y sexo, las que si bien pueden escandalizar a los espíritus más sensibles, no son lo más perturbador de la cinta y están tratadas con una fotografía e iluminación íntima que expone la vulnerable situación en la que se encuentra Thomas, pero sin dibujar al sacerdote pecador como único responsable. Una decisión ardua y valiente de un director consciente de sus límites.

Imagen foto_00000015Lira, cuya ópera prima fue la arriesgada y vilipendiada “Drama”, tenía clara la historia que quería contar: el vínculo entre Leyton y Karadima que sostiene todo el filme, amén del trabajado guión de Álvaro Díaz, Alicia Scherson y Elisa Eliash, que ejerce de piedra angular y anota un gol al fragmentar la historia. 

Y aunque por momentos pueda perder la fuerza dramática en giros algo forzados, la presencia dominante de Gnecco (“no siempre me veo pero siempre estoy”) enriela el cauce de esta película que hace de aproximación al tema de los abusos sexuales por parte de miembros del clero chileno, y que tendrá una segunda visión este 2015 con “El club” de Pablo Larraín.

“El bosque de Karadima” lleva a la gran pantalla, con una cuidada imagen y secuencias en su mayoría respetuosas con lo que cuenta, episodios de la vida de una víctima que se va transformando en un ser frío, incapaz de decidir por sí mismo y que ve con impotencia que se ha dejado dominar por quien alguna vez fue su referente y que ahora es su victimario, tal como en muchos otros casos que se mantienen en silencio.

Director: Matías Lira. Elenco: Luis Gnecco, Benjamín Vicuña, Pedro Campos, Aline Kuppenheim, Ingrid Isensee, Francisco Melo, Gloria Münchmeyer. Duración: 100 minutos. Calificada para mayores de 14 años.

SECCIÓN: Cultura y Entretención
FUENTE: Bruno Delgado