La temperatura ha bajado bruscamente y esta mañana de lunes es una de las más heladas de abril. En un espacio al aire libre, en el segundo piso del colegio María Luisa Bombal, en Vitacura, una treintena de alumnos de octavo básico, haciendo caso omiso al frío reinante, conversa, ríe, mientras escucha las instrucciones del ingeniero comercial José Miguel Hirmas.

Los estudiantes, hombres y mujeres divididos en siete grupos, tienen en sus manos un manual ilustrado, de 182 páginas, donde deben escribir sus ideas para resolver un problema que, según detectaron, tiene su profesor de religión Jaime Méndez: el escaso tiempo para compartir con su familia.

Méndez, casado y padre de dos niñas, de 3 y 10 años, se encuentra presente y junto a Hirmas supervisa la actividad de los escolares. El docente lleva 3 años trabajando en este establecimiento particular subvencionado, que tiene una matrícula de 520 alumnos, de prekínder a cuarto medio.

La jornada, que se realiza en el marco de la clase de religión, es el “taller de emprendimiento metodología pensamiento creativo” que impulsa en el colegio la empresa Actitud Lab, que fue creada en 2009 por el abogado Sebastián Errázuriz con un ambicioso objetivo: contribuir al desarrollo de las habilidades sociales, valores y competencias en los estudiantes y también en el ámbito empresarial. Y lograr el tan usado concepto de la calidad.

APRENDER HACIENDO

Imagen foto_00000009Hirmas es uno de los siete profesionales, de diferentes disciplinas (ingenieros comerciales y civiles, diseñadores, abogados, periodistas y profesores) que forman parte de Actitud Lab.

El ingeniero comercial habla fuerte, da órdenes a los estudiantes, porque deben cumplir con el objetivo de la clase en una hora y media. No pueden pasarse del plazo. Los primeros 30 minutos deben destinarlos para trabajar con el manual y cuando el reloj marca las 8:30 horas, la licenciada en Artes Fernanda Bustos, quien ayuda a Hirmas en el taller, entrega materiales a los diferentes grupos de trabajo: cartulinas y papeles de colores, lápices, cintas.

Los muchachos, ahora, deben crear una solución para que su profesor de religión pueda pasar más tiempo con su esposa e hijitas. Difícil tarea se les viene por delante.

Antes de esta fase práctica los alumnos debieron “empatizar” con su maestro. Es decir, conversar con él y detectar su problema. Luego de “ver” esta dificultad “imaginaron” la solución. Ahora deben “hacer y construir” para, finalmente, “compartir” su obra que resolverá la situación.

“Como el problema del profe es que no tiene tiempo vamos a hacer un calendario con una alarma que lo alerte de lo que tiene que hacer”, cuenta Benjamín Miranda.

Su compañero de grupo, Felipe Cueto, agrega que le gusta este taller “porque estamos más unidos”. Y Blanca Lencina completa que “hemos desarrollado mucho más la creatividad”.

“PERDER EL MIEDO AL FRACASO”

Imagen foto_00000011Otro grupo le da forma a una canasta. “Creemos que lo podemos ayudar regalándosela para que se vaya con de picnic con sus hijas”, comenta Belén Torres. La alumna añade que le encanta esta jornada, porque “uno se desarrolla más y aprendemos a compartir”.

En ese momento se acerca Hirmas y añade que algunos estudiantes por primera vez están trabajando juntos en un grupo. “Acá los ayudamos a formar un equipo”, remarca.

A pocos metros de ahí unos escolares fabricaron un extraño gorro. En la parte frontal dibujaron a una niña y a los lados instalaron dos cilindros de cartones. Uno de los alumnos explica: “El dibujo corresponde a una foto de la hija del profesor. Y en los tubos se puede echar agua y café” para que el docente optimice el tiempo.

Nicolás Plaza, de grandes ojos verdes (en la foto a la derecha), cuenta que el taller definitivamente lo ha ayudado “a no tener miedo a fracasar, a fallar. También me ha ayudado a desarrollar la creatividad”.

En el equipo del lado los alumnos arman un pasaje de avión para que su profesor viaje al sur con su parentela. Rebeca Burgos, junto con explicar por qué diseñaron esta solución, señala que gracias al taller está menos tímida. “Antes yo sentía mucha vergüenza de hablar en público, ahora me siento capaz de hacerlo”, cuenta.

“SIEMPRE PUEDEN…”

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Llega el momento culminante de la clase. Los estudiantes se sientan en círculo y frente a ellos se para el profesor Méndez.

José Miguel Hirmas (en la foto) lanza una instrucción categórica: “Para esta etapa es fundamental el respeto”, apunta, y los escolares sólo pestañean.

Cada grupo escogió a un vocero que tiene la misión de mostrar la creación, entregársela al docente y explicarla a sus compañeros. Es así como desfilan esas coloridas y pequeñas obras de arte que los estudiantes construyeron en sólo 45 minutos: un laptop que permite ver a la familia en tiempo real, un viaje al sur, una agenda con alarma, un restaurante, un calendario y una canasta familiar.

El profesor (en la foto más abajo) agradece los obsequios y sonríe. Es histriónico y cercano con sus alumnos. Características fundamentales para el taller, precisan en Actitud Lab.

El reloj marca las 9:30 y el taller ha concluido por este lunes (se realiza todas las semanas). Hirmas cierra la actividad con una declaración que, probablemente, se marcará con fuego en los jóvenes: “Quiero que sepan que ustedes siempre pueden, tienen todas las capacidades para hacer todo lo que quieran”.

“TESTIGO DE SUS CAMBIOS”

Imagen foto_00000012Fernanda Bustos comienza a recoger los materiales que quedaron en las mesas y Jaime Méndez observa con rostro de satisfacción.

“Desde el segundo semestre del año pasado desarrollamos este taller. Los chiquillos han ido tomando un rol protagónico. Hemos sido testigos de sus cambios. Están más creativos y se hacen cargo de los problemas de su curso. Trabajamos el método de pensamiento creativo a través de la empatía y ello, en el futuro, les permitirá tener herramientas para enfrentar sus dificultades”, cuenta.

Según remarca, uno de las características del docente que participa en este taller es “atreverse a hacer cosas fuera de lo establecido, a salir de la sala de clases, a utilizar todos los espacios del colegio”.

Su meta es “que los alumnos sean mejores personas para que más adelante sean hombres más comprometidos y responsables”.

Mariano Cepeda, coordinador académico del colegio, agrega que esta experiencia se desarrolla además en tercero y cuarto medio, cursos donde se detectó ciertas dificultades de convivencia.

El taller ha venido a superar una falencia. “Nos dimos cuenta que había una debilidad en la generación de habilidades blandas, de trabajo cooperativo, de liderazgo y trabajo en red”, indica.

Desde su implementación han observado que los alumnos “se han soltado, se atreven más y conviven mejor”, recalca.

MEJORAR LA EDUCACIÓN

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El modelo de Actitud Lab se ha aplicado en ocho liceos, dos colegios, además de un hogar de menores, dos empresas y en proyectos con el Servicio Nacional de la Mujer.

Actualmente, además del colegio María Luisa Bombal, la empresa desarrolla talleres en el colegio Puerto Varas.

“Queremos estar en la mayor cantidad de colegios posibles”, proyecta José Miguel Hirmas. Y ojalá en cursos inferiores, “porque nos hemos dado cuenta que desde más chicos los estudiantes comienzan a desarrollar habilidades blandas o competencias”, asegura.

El ingeniero comercial habla con pasión. Está convencido que pueden revolucionar la educación, en estos tiempos que se dan los primeros pasos en la reforma educional. Para eso es crucial el rol del docente, sostiene.

“Cuando uno recuerda a un buen profesor no lo hace por la materia que pasaba sino por lo que entregaba, por el cariño que le ponía a su trabajo. Los maestros deben ser agentes de cambio”, subraya.

Sentado en una mesa alargada, en el “taller” de Actitud Lab –lo llaman a sí, porque no es oficina y todo huele a creatividad- explica que a todos los profesionales que allí trabajan (en la foto, de izquierda a derecha, Felipe Roa, José Miguel Hirmas, Fernanda Bustos, Jaime Méndez y Ricardo Mujica) los mueve “defender la educación, romper los paradigmas”. En la semana se dividen: lunes, martes y miércoles lo dedican a la educación y el resto a la consultoría de empresas. Esto último les permite financiarse.

Todo lo que hacen tiene el mismo propósito: desarrollar competencias, valores sociales, la comunicación y las habilidades relacionales a través de talleres, cursos y experiencias.

“La mejor instancia de aprendizaje es la experiencia. No es lo mismo el valor de la solidaridad que tener una instancia de solidaridad”, completa Hirmas.

►Más sobre Actitud Lab en su página web. Pinche aquí

AUTOR: P.Sch.
FUENTE: Patricia Schüller G.