Las islas Fiyi, en Oceanía, promocionan sus playas con blancas arenas, zonas amplias de buceo, el clima tropical,  y también su cercanía con Nueva Zelanda, el país vecino de la isla, transformándose en una especie de postre para finalizar un viaje por el océano Pacífico. Quizás alguno de estos motivos fueron los que atrajeron a Rodrigo Díaz a visitar el país que hoy lo tiene postrado en una cama de un hospital sin poder mover un músculo.

La vida de Rodrigo, de 32 años, no ha sido de lo más tranquila. Se lo ha pasado corriendo de diferentes lugares. El mismo viaje que emprendió a Nueva Zelanda y terminó en las islas en 2013 lo realizó después de enterarse que su padre falleció de una manera trágica.

Imagen foto_00000013“Gogo”, como le dicen sus cercanos y su pareja, padece de una extraña enfermedad que se contagió en Fiyi, “posiblemente al comer comida típica en un carrito callejero”, cuenta Sebastián Caro, uno de sus amigos que gestiona traerlo de vuelta.

Las condiciones del hospital no son los mejores. Para identificar su enfermedad, los servicios médicos del país oceánico sólo le pudieron realizar un scanner.

Es por esto que Caro junto a Valeria Villegas intentan por todos los medios que la Cancillería envíe un avión ambulancia a las paradisíacas islas para devolver a su amigo a Chile.

Con la muerte en los talones

Díaz nació en agosto 1982 en Santo Domingo y vivió con sus 2 padres hasta los 17 años, cuando su madre fue vencida por el cáncer al estómago que la aquejaba, y falleció el mismo día de la graduación de cuarto medio de su hijo.

Ese día no sólo significó la partida de uno de sus seres queridos, sino el punto sin retorno del guion que la película de su vida estaba escribiendo.

En su casa, principalmente, habitó junto a su padre y al silencio. Pero, a veces los insultos, gritos y golpes visitaban la casa en la comuna del litoral central por la homofobia que el padre sentía hacia su hijo por ser homosexual. Hasta que “Gogo” fue echado de su casa.

Rodrigo viajó a Santiago para estudiar las carreras de enfermería y fotografía y después de intentar vivir en hospederías, Valeria le abrió las puertas de su casa junto a sus padres.

Esta mejoramiento en su vida acabó con la muerte de su padre, quien falleció atravesado en un ojo por una picota de agricultura mientras trabajaba. Este suceso terminó por incitar a Rodrigo a irse del país a “emprender una aventura en Nueva Zelanda”, según sus amigos, junto a su pareja Daniel.

Comida callejera

Luego de que le venciera la visa de turista en Nueva Zelanda, en marzo del 2013 viajo a Fiyi para buscar trabajo.

Imagen foto_00000011La pareja tenía decidido pasar un tiempo en el archipiélago mientras le saliera la visa de trabajo en Nueva Zelanda. Pero en noviembre del año pasado, tras comer en un puesto de comidas, empezaron sus problemas estomacales.

“Le siguió un hormigueo en las extremidades derechas del cuerpo, mareos y leves problemas de expresión verbal, síntomas que pasados pocos días devinieron en una parálisis parcial de dicho sector, problemas de estabilización y de lenguaje”, aseguran Caro y Villegas.

Primero, recurrió a técnicas orientales, pero cuando la situación empeoró fue trasladado a un hospital de Suva, la capital del país.

Las carencias tecnológicas de Fiyi sólo permitieron realizar un scanner para diagnosticar su enfermedad. El examen arrojó 2 alternativas: un tipo de virus, bacteria o parásito alojada en el cerebro, o un tumor cerebral.

¿Cómo un dolor estomacal terminó con la parálisis del cuerpo de Rodrigo y con un posible tumor cerebral? Es lo que los cercanos a Rodrigo aún no se explican.    

Imagen foto_00000012Es por eso que para el equipo médico que trata a Rodrigo Díaz la única recomendación posible para tratar la enfermedad es trasladarlo de regreso a Chile, en un avión ambulancia y que cuente con un sistema que pueda monitorear constantemente su estado de salud y un ventilador mecánico.

Caro y Villegas hicieron un sitio web donde la historia de Rodrigo puede leerse. Ellas junto a la Cancillería han estado en conversaciones para ver la forma de traer de vuelta a “Gogo”, siempre y cuando su estado de salud lo permita.

FUENTE: Bruno Delgado