Ya es enero y la consigna es iniciar la recuperación física. Beber mucho menos, olvidarse del Pan de Pascua y pasar la nostalgia del pavo y del chanchito consumiendo sopitas o cremas, ligeras pero ricas. Aquí van 3 sopas frías célebres: el gazpacho andaluz, la vichyssoise francesa y la de palta y salmón, chilenísima.

La conducta adecuada luego del entusiasmo comestible y bebestible de Año Nuevo es de obligatoria prudencia, aunque no de vigilia, que los tiempos ya no están para eso.

Luego del Año Nuevo habremos comido mucho y bien y lo que es más oneroso para el organismo, cual más cual menos ha engullido más de uno, más de dos trozos de Pan de Pascua, algunas copitas de Cola de Mono y como quien no quiere la cosa algún bombón, algún trozo de turrón, es decir, azúcares y carbohidratos.

El amigo ingenuo, con una seudo científica lógica dietética habrá dicho ya: “Yo no como dulcecitos. Toda el azúcar la dejo para el copete”.

Y se ha mandado al coleto primero unas copas de Cola de Mono especial, encargado al Liguria, luego media botella de Freixenet, espumante catalán que es su preferido; después los vinos correspondientes al pavo relleno y finalmente ha dicho que un legítimo habano irá muy bien con un Calvados o con whisky de pura malta, Isla de Jura a ser posible.

Al día siguiente, el primero de enero como a las diez de la mañana no querrá -no querremos- desayuno. “Sólo un cafecito espresso ristretto, y de aquí nada más hasta la noche”, dirá él.

Pero la sensatez dirá que no somos auto flagelantes, que sí somos epicúreos y que hay que seguir comiendo, pero con moderación, ya más sano, en busca de la línea recta perdida entre Navidad y Año Nuevo.

Preconizaremos dejar el Pan de Pascua y el Colemono, irse comiendo lo que quedó del Año Nuevo, pero ya entreveradito con ensaladas. Tomate, porotos verdes, que están tan lindos, lechugas de toda especie y todo menos palta y ensalada de papas-mayo, salvo que insistan.

las sopas

Idealmente engañemos la tripa con sopas, frías y calientes, que nutren alivian la fatiga y son digestivas. Ellas las acompañaremos con alguna buena cerveza bien fría o con algún vinito blanco o un espumante.

¿Ideas sobre sopas?

Vamos con las frías, entre las cuales el primer lugar lo ocupa el clásico gazpacho andaluz:

Es tan fácil y tan rico como echar en el vaso de la licuadora dos tomates pelados, grandes y bien maduros, una cebolla pequeña, un pepino de ensalada, un diente de ajo, media marraqueta remojada, sal y pimienta y varios cubos de hielo. Agregar aceite de oliva al gusto y licuar, deshaciendo el hielo. Un par de gotas de buen vinagre de vino, nada de acetos, está en la preceptiva. Después servir y a disfrutar. No cuesta nada, sale baratísimo y es lo que el cuerpo necesita.

Otra fórmula, no más rica, pero más elegante, sería una sopa-crema de palta servida desde el refrigerador, muy fría:

Tan simple como disponer un litro de consomé, caldo de pollo colado o aún un caldo de gallina hecho con dos calugas. Cuando el caldito esté listo y salpimentado, juntar en la licuadora con una palta grande o dos medianas bien maduras y moler concienzudamente. Se puede (y es lo ideal) picar chiquito una o dos láminas de salmón ahumado e incorporar esos tropezones cuando la sopa esté servida. Bien fría es deliciosa. Y elegante.

La tercera delicia fría para ir bajando la ingesta y seguir comiendo rico es intentar una sopa Vichyssoise:

Representa la elegancia francesa pura y no cuesta mucho. Es tan simple como cocer en consomé de pollo dos papas medianas y cuatro puerros, usando la parte blanca y dos centímetros del tallo verde. Cuando estén papas y puerros cocidos, licuar con el caldo, espesar con medio potecito de crema de leche, agregar sal, pimienta y poner media hora en el refrigerador antes de servir. Con esto van a sacar aplausos.

-“Se puede, se puede”, decía una amiga.

SECCIÓN: Vida y Estilo
FUENTE: Cesar Fredes