José Miguel Insulza fue reelegido ayer por aclamación como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) para un segundo período (2010-2015), en el cual su principal objetivo será introducir reformas que agilicen las gestiones del máximo organismo continental.

Pero el ex ministro chileno sabe que el apoyo otorgado por los 33 países miembros activos no es gratis.

Ello, pues pese al liderazgo ejercido durante su primer mandato y el impulso que le otorgó a la multilateridad, las críticas aún persisten.

“(Insulza) sabe que hay problemas, que es muy criticado, y que tiene que resolver las diferencias que tiene con algunos países, y por tanto no se va a tomar este segundo período como secretario general como un mandato de continuidad”, comentó el presidente del Diálogo Interamericano, Peter Hakim.

En general, las críticas, justificadas o no, son irónicamente contradictorias, pues unos le acusan de ser demasiado blando y complaciente con algunos países, de no tomar la iniciativa y de no intervenir en determinadas situaciones en las que debería, mientras que otros le acusan de excederse a veces en sus funciones y de actuar con demasiado impulso.

“Hay varios miembros que no están satisfechos con la OEA, pero tampoco es fácil encontrar una solución en un organismo multilateral cuyo margen de maniobra está limitado por el estricto respeto a la soberanía de los países, y el secretario general tiene pocos recursos para actuar”, agregó.

Sin embargo, Hakim recordó que la base del problema es que Insulza “está preso de la Carta Democrática Interamericana. Y un líder debe tener flexibilidad”.

“HUMILDAD, ALEGRÍA Y AFECTO”

Dado que ningún otro fue presentado a último minuto -tal como lo permiten las bases de la OEA- la votación fue mucho más expedita que la que llevó a Insulza por primera vez al cargo en 2005 (ver recuadro), situación que se repitió con la reelección del secretario general adjunto, el surinamés Albert Ramdin.

Una vez ya confirmado, Insulza declaró recibir el apoyo de los países “con mucha humildad”, pero también con “mucha alegría y afecto”.

Aunque reconoció que a veces hay “diferencias” entre los estados miembro, reiteró su compromiso de mejorar la organización, fortalecer sus mecanismos y luchar por la democracia y los derechos humanos en el continente.

“Una organización hemisférica tiene sentido de existir no sólo por la casualidad de estar todos juntos en un hemisferio, sino porque compartimos un conjunto de valores e ideas, que tratamos de llevar a la práctica”, añadió.

A la votación asistió el canciller chileno Alfredo Moreno, quien viajó especialmente a Washington para mostrarle el respaldo del gobierno del Presidente Sebastián Piñera a Insulza (ver recuadro).

También asistieron la canciller de Surinam, Lygia Louise Irene Kraag-Keteldijk; el responsable de Exteriores de Paraguay, Héctor Lacognata, que fue elegido titular de la Asamblea General, y el de Granada, Peter David.

LA VOTACIÓN

El político chileno tenía hasta la semana pasada suficientes votos comprometidos a su favor, por lo que su reelección era esperada, aunque respaldos importantes como el de Estados Unidos se definieron recién el lunes, mientras que la venia de Ecuador y Perú sólo fue expresada sólo horas antes de la sesión.

Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Canadá, que hasta ayer no habían revelado cuál sería su decisión, se sumaron finalmente al consenso, aunque los tres primeros expresaron antes de la votación sus críticas a la OEA e Insulza, al igual que sus deseos de una modernización del organismo.

Minutos después de iniciada la sesión extraordinaria de la Asamblea General, el embajador de Venezuela ante el foro regional, Roy Chaderton, anunció el apoyo, aunque advirtió que el organismo corre peligro de sumirse “en la intrascendencia” por no escuchar los planteamientos de ciertos países con ideas distintas.

Bolivia si bien no se opuso a la aclamación, el canciller David Choquehuanca dejó en claro que no apoyaron la reelección por La Paz “no tiene relaciones diplomáticas” con Santiago.


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SIN SOBRESALTOS

Aunque era inminente la renovación de la confianza en la gestión de José Miguel Insulza, su proclamación en la sede de la OEA en Washington dejó en claro que, pese a las críticas de los países miembro, su figura es, a la luz de los resultados, la única capaz de impulsar los cambios que el organismo requiere enfrentar de cara al siglo XXI.

Según destacaron políticos chilenos, su reelección es, al mismo tiempo, un reconocimiento a la política exterior de Chile.

Tal como señala el analista Guillermo Holzmann, un nuevo período al mando del máximo organismo continental “también le brinda al Presidente Sebastián Piñera la posibilidad de plantear una legítima posición de preocupación y protagonismo en el sistema regional”.

Al mismo tiempo, la contrariedad de las críticas a su primera gestión (2005-2010), especialmente aquellas provenientes de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), reflejan los grandes desafíos que el ex ministro deberá enfrentar en el quinquenio que inaugurará el 26 de mayo.