La naturaleza es así

La única que no se ha equivocado en todo este acontecer es la propia naturaleza, que actuó con la fuerza innata que le corresponde, aunque nunca lo consideremos.

Federico Gana Jonson, Santiago


Mi querido Chile

Hoy, a doce días del 27 de febrero, escribo como un joven de 18 años que poco sabe de la vida. En mi niñez me enseñaron muchas cosas, que Dios existe, que robar era malo, que la vida se nos muestra de formas alternativas, que había que estar orgulloso de donde uno era. Pero para poder corroborar que estas cosas eran verdaderas, tenemos que en algún momento cuestionárnoslas y a medida que he ido creciendo, me he dado cuenta de que Dios existe, que robar es malo, que la vida es multifacética, pero no así el hecho de enorgullecerse de donde era: veía que Chile era un país dividido por peleas sociales, prejuicios enormes, lleno de gente aprovechadora, conocidos en el mundo por regatearlo todo.

Pero me faltaba algo para poder cumplir con mi cuestionamiento y esos dos minutos y medio pareciera que nos sacudieron bastante, porque cuando partí al sur el jueves me llené de imágenes patrióticas, abundaban los autos cargados de ayuda, los mensajes de esperanza y ánimo, la gente recibía de sus compatriotas ayuda para poder sobrellevar tal tragedia.

Ver a ese chileno que pudo haberse echado a morir, pero que se levanta para construir el hogar arrasado, ver quince camionetas cargadas rumbo a la zona colchagüina con un aliento esperanzador son simplemente imágenes que se inmortalizan para siempre y no se olvidan; es por esas personas que hoy me siento orgulloso de donde vengo, de un Chile aguerrido y orgulloso, que jamás se echó a morir y que aunque cueste sudor y lágrimas, volverá a ponerse de pie.

Santiago Eyzaguirre, Santiago


Vidrios rotos

Esta catástrofe ha afectado en mayor o menor medida a todos. Mi caso es bastante especial. Soy de la Región del Biobío, vivo a 32 kilómetros de Los Ángeles, en Mulchén. En mi pueblo el terremoto destruyó gran parte del centro, entre ellos mi negocio: soy microempresaria, tengo una vidriería pequeña, pero que me daba el sustento para mi familia. Quedé sin nada, como quien dice a brazos cruzados, sin ayuda de nadie, con el dinero invertido casi en 90%. Resulta que nadie se ha preocupado del déficit de cristales que quedó en nuestro país. Recordemos que la planta principal está en Lirquén, cerca de Concepción.

Por el terremoto obviamente ha quedado sin funcionar por un plazo de tres meses o quizás menos. Hay una empresa en Santiago, que es la que por el momento está distribuyendo a sólo algunos minoristas, los con mayor respaldo financiero, pero el costo es una locura y, al parecer mío, un robo. Si antes con 250 mil pesos compraba 18 láminas de cristal incoloro de 3 milímetros, que es el más común, ahora sólo puedo comprar cuatro.

Las vidrierías están totalmente desabastecidas. ¿Se ha pensado en los colegios que entre algunas de las razones por las que no se puede entrar a clases es por falta de materiales de construcción como vidrios, sin nombrar los cristales para viviendas, hospitales, edificios públicos? ¿Quién nos dará la mano como microempresarios ahora? En mi familia somos dos cesantes, con deudas, con hijos en el colegio. Yo sé que este terremoto causó muchas pérdidas irreparables, amo mi país y espero que todo mejore, pero no se olviden de los microempresarios.

Carolina Benavente, Los Ángeles

AUTOR: Cartas
FUENTE: Cartas