Bautizado cariñosamente como “estrella insondable”, fue el primero que la llamó escritora y la valoró más allá de la carne. Incluso le pidió matrimonio, pero la musa se negó. Su partida predeterminaría la suya, cuando en 1921 ingirió una sobredosis de veronal. El actor de TVN da las claves del filme que se estrena este jueves.

Puede que Anuarí (Horacio Mejías) haya sido el hombre que más amó a la herida Teresa Wilms Montt. Flechado hasta los huesos, el joven doctor argentino quiso devolverla a la vida y leer su obra en voz alta. No por nada fue el primero en llamarla escritora y hasta se “toreó” con otro de sus grandes amores, el poeta Vicente Huidobro. “Fue un amor intenso y doloroso porque él la quería más allá de lo carnal”, cuenta Matías Oviedo, el actor que encarna al amante suicida de la escritora chilena en “Teresa”, la película de Tatiana Gaviola que llega a los cines este jueves.

Ruegos y peticiones de matrimonio de por medio, Anuarí prefiere estar muerto que vivir sin ella. “Cuando se da cuenta de que no va a poder entrar en su vida, que esta mujer es ingobernable y no está dispuesta a dejarse cuidar, no soporta vivir sin ella. Puede sonar irracional pero es consecuencia también de una época en que era urgente soltar amarras”, afirma el actor.

Y es que la escritora siempre quiso más “al hombre que no fue, al que no aguarda”. Y por eso terminó escribiendo y desgarrándose sobre camas vacías. “Quiero ser la otra, la que nadie ve”, decía la autora de “Los tres cantos” en sus diarios. La misma mujer que privada de sus hijos y encerrada en un convento donde las monjas le advertían que podía enfermarse de tanto escribir, abusó del veronal, subió a los campanarios, huyó de sí misma, río de histeria y lloró de literatura. “Te voy a dar una cama con los senos de las mujeres más hermosas que hayan existido”, registraba en el papel sin enrojecerse.

“Por la época en la que le tocó vivir fue mucho más duro. ¿Qué sería de Teresa ahora?, seguramente pasaría mucho más piola y no tendría que cargar con una vida tan tormentosa”, reflexiona Oviedo, el actor que está girando actualmente con la obra de teatro “Chile Bi 2000” y que participará en la teleserie nocturna de vampiros que prepara TVN.

Pero la película es sobre todo la reivindicación de un personaje olvidado y castigado. Y parte en París, en 1925. Allí Wilms Montt, interpretada por Francisca Lewin, observa la definitiva partida de sus dos hijas a manos de su marido, el despechado Gustavo Balmaceda, lo que la hace entregarse al desasosiego. Rodeada siempre de misterios y tormentas, antes aparece haciendo el amor mil veces y es mal mirada “por beber y por conversar a la par con los hombres”.

Siendo así, todos los personajes que se cruzan en su vida son intensos. Con Huidobro cruzaron primeras miradas cuando el padre de éste intentó lanzar sus primeros escritos al fuego, y luego, cuando éste la hace repetir un insólito rezo en el confesionario. Tiempo después Wilms Montt revelaba que el autor del “Altazor” era quien conocía todos sus secretos. “Ella decía que no amó a nadie, pero yo, al contrario, pienso que amó profundamente, con una pasión que terminó por devorarla”, señala Oviedo.

Pasión que ardía en versos como los que escribió cuando supo de la partida de Anuarí. “No fui capaz de ver como la muerte te acechaba. Eras un hombre de secretos y no me di cuenta. La vida y la poesía estarán mezcladas para siempre con tu muerte”, sentenció.

SECCIÓN: Cultura y Entretención
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