Tapia es un policía incapaz de resolver casos, un ser distraído y básicamente ineficiente, que se aventura en el mundo de las investigaciones privadas free lance, luego de ser expulsado con buenos modos del Servicio de Investigaciones. Como marca de fábrica muestra una torpeza infinita, atroz, enternecedora. Su oficina de detective es un asco: un escenario manchado de mermelada y mortadela, con un teléfono a veces cortado, por todo capital. Tapia vive cercado por ejemplares de La Cuarta, diario del cual es ferviente consumidor: opta siempre por las vedettes de las páginas centrales. Tapia, a su manera, es el verdadero chileno, el chileno originario, fundamental.

Sus casos no resueltos van desde el tipo especialmente desagradable que vive con tres mujeres, y es acusado por dos de ellas de abuso sexual, al de un general en retiro, despeinado y pálido, perseguido por fantasmas comunistas, o la desaparición de Madeleine en Portugal, vidente chilena incluida. Al contrario de Philip Marlowe, el glamoroso detective soltero de Raymond Chandler, Tapia es un sabueso casado, y su mujer, Ramona, hace gran parte de su trabajo, fingiendo no entender nada de nada. (Mientras cocina cazuelas y tiene pesadillas metafísicas con la pequeña Madeleine).

Como paisaje de fondo, hay noticias de sospechosos salmones del sur de Chile, salmones tóxicos, que también nos retratan. Todo tiene un aire anecdótico, lleno de fluidez, humor y desparpajo, y sin embargo debajo de las líneas de la trama surge de pronto, todo el horror de la vida. Aunque las reacciones de Tapia para salirse con la suya, y en definitiva para cumplir con su trabajo, sean las que podría tener Condorito: ante el temor de perder los gratos ingresos que le proporcionaba el caso del general acosado por fantasmas comunistas, él opta por proporcionarle nuevos fantasmas:

“Saltó del asiento como quien intercepta un atacante. Rodó por el suelo. Golpeó hacia arriba y hacia abajo. Pateó de espaldas al piso. Giró. Se hizo el ahorcado y luego, en una última parte de la actuación, embistió violentamente en el suelo injuriándolo de la manera más soez que se le ocurrió”. Una vez más, se ha equivocado. Y deberá seguir soñando con televisor plasma, banda ancha, un auto al que llegará a su propio estacionamiento todas las mañanas. “Y una placa en la recepción del edificio que junto a empresas como Nestlé, Microsoft y Banco de Chile, diría Tapia, Investigaciones Internacionales”.

TAPIA
Martín Pérez
Ediciones Asterión
Santiago, Chile, 2009
163 páginas

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