El dramatismo que se vive en el campo produjo un caso estremecedor. Un grupo de temporeras denunció haber sido encadenadas a mesas de trabajo y nunca haber cobrado su jornal. El empresario reconoce las deudas, pero niega las cadenas. Dice que perdió medio campo por la caída del precio de la ciruela.

Silencio. Miedo. Es el estado de ánimo de miles de trabajadores que son recogidos de madrugada en camiones, para viajar a los campos o a los packings, donde se fragua el exitoso modelo exportador chileno que tanto luce en las cifras macroeconómicas. Llegada la temporada de la fruta los casos de intoxicaciones por pesticidas y los problemas de indefensión laboral de los temporeros atacan como mosca a la fruta.

Según fuentes generadas en la Sexta Región, las temporeras de la empresa Santana Export Limitada de Requínoa denunciaron haber sido encadenadas a mesas de trabajo. Fueron contratadas en abril, para la época de la ciruela. Cobraron un adelanto y nunca reciberon su sueldo. Esperaron mucho tiempo antes de estampar la acusación, porque la gente prefiere un mal arreglo que un juicio, que las ponga en lista negra y las etiquete de “conflictivas”.

En los meses que se quedaron sin nada, alguien echó a correr la bola. En el fundo Santa Ana de Requínoa habían estado trabajando encadenadas a una mesa, para evitar que fueran a perder el tiempo en los baños. Un rumor que alcanzó a recoger un sindicato campesino de Rancagua pero que se evaporó, según las propias denunciantes, porque nadie quería líos. Según otros hablantes porque no existía y sólo era una venganza contra la empresa que no les había pagado.

Sin embargo, las pocas temporeras que hablan coinciden en que las condiciones en que trabajaban en el packing de ciruelas de Santana Export eran infrahumanas. “Nadie va a hablar más de esto. Lo único que queremos es que nos paguen. Esto no es una novedad, pasa en muchos fundos. A algunas las amarraban con cadenas, para que no se movieran de sus puestos. Eran 12 ó 14 horas de trabajo continuado, y ellas tenían que aguantar enlazadas a las mesas”, cuenta una de las trabajadoras que no quizó hacer la denuncia públicamente.

 

Los antecedentes de la empresa

La historia de Santana Export -cuyo representante es Leo Romeu Niot- es escalofriante. Fue multada dos veces en octubre y otra en noviembre de 2001. Otras dos veces en octubre y diciembre de 2002, siempre por infracciones graves: no pago de remuneraciones, servicios higiénicos deficientes, trabajadores sin contratos.

En el 2003, la empresa fue multada por los inspectores del Trabajo en repetidas ocasiones, pero su año fatal ha sido el 2004. Fue multada en abril, en junio, en julio y en agosto. El 1 de junio fue suspendida de labores y clausurada por carecer de servicios higiénicos, pero acreditó posteriormente haberlos acondicionado, así es que siguió funcionando. El 26 de julio, una denuncia telefónica llevó al fiscalizador Tomás Silva hasta el fundo para comprobar si escondía trabajadores. No encontró nada a la vista, pero quedó con la sensación de no haberlo visto todo y volvió de sorpresa en horas de colación. Encontró diez temporeros sin contrato, “escondidos”, en la jerga. Algo completamente normalen el campo, en esta temporada.

Para uno de los fiscalizadores, el caso de esta empresa es sintomático. Nunca ha solicitado la reconsideración de sus multas. Ha preferido pagarlas antes de regularizar sus infracciones. Ha recibido 213.75 UTM de multas (seis y medio millones de pesos aproximadamente), por lo que es fácil deducir que para Santana Export es más barato pagar las multas a tener contratos, pagar los salarios, poner baños, y otras menudencias. El primero de septiembre la Dirección Regional del Trabajo clausuró las faenas, pero el conflicto no está todavía resuelto.

 

La versión del empresario

La versión del empleador es una señal de la tensión que se vive en el otro bando, el de los empresarios. Reconoce que es verdad que ha sido multado todas esas veces, que no ha podido pagar a los trabajadores, pero niega absolutamente las versiones de los encadenamientos: “¡¿Cómo se le puede ocurrir a alguien que eso puede ser verdad?! Eso es un invento que salió cuando no pudimos pagar a esas temporeras. ¡Eso es absurdo! Por favor no publique eso, que nos van a hundir más. Hemos perdido mucho dinero con la ciruela, que el año pasado tuvo sobreoferta y el precio cayó por los suelos. Pero somos honrados, hemos ido cumpliendo y nos estamos recuperando. La prueba es que siguen trabajando con nosotros los mismos contratistas a los que les hemos debido plata y muchos temporeros a los que todavía no les cancelamos sus sueldos. ¡Pero por favor, comprendan que hemos tenido malos años! Éste, por ejemplo, tuvimos que vender una parte del fundo para sobrevivir, y estamos confiados en que vamos a salir adelante”.La dramática declaración del empresarioes el grito de muchos agricultores que apuestan a una buena cosecha y a buenos precios en el mercado, pero que no cumplen cuando el año viene torcido. A los trabajadores no les importa el precio internacional de la ciruela. A ellos no les pagaron su jornal Tampoco las horas extraordinarias.

Isabel Campos es una de las afectadas por la empresa y reconoce a Santa Ana como uno de los peores packings que ha conocido como temporera. “Estoy arrastrando una deuda en una casa comercial desde abril de este año, porque no me pagaron y, en invierno, uno no sale a trabajar en esto. Estoy postulando a una casa y no puedo. Me deben como 200 mil pesos”, cuenta Isabel, que tiene 46 años y desde que se trasladó de Angol hasta Requínoa, en 1987, no ha hecho otra cosa que trabajar en el campo.

Ahora está en otro fundo, botándole las hojas al durazno, y anhela que prosperen las demandas que otras temporeras interpusieron para conseguir sus sueldos: “Yo me compré una lavadora y todavía no puedo pagarla. Estoy desesperada, porque nadie nos ayuda”, dice Isabel angustiada, porque ya se va el año, y la crisis financiera la tiene con el alma en un hilo. De cadenas en las piernas no quiere ni hablar.

 

Intoxicados

Pero no es sólo este recuerdo amargo, que ofrece argumentos a quienes comparan ciertas condiciones de trabajo con la esclavitud, lo que se suma a la historia de abusos de los trabajadores temporeros de la Sexta Región.

El sábado 18 de diciembre, cerca de 20 de ellos resultaron intoxicados al inhalar Lorsban en el fundo productor de uva Campanario, ubicado en Placilla. El Ministerio Público ya inició una investigación para determinar las responsabilidades en el accidente. Sin embargo, los trabajadores aseguran que sintieron náuseas, vómitos y malestares, que sólo pueden relacionarse con la inhalación de algún químico tóxico. Una versión que avala Héctor Toledo, el médico que los recibió en el hospital San Juan de Dios de San Fernando: “Afortunadamente fueron atendidos apenas comenzaron los síntomas”.

El 22 de octubre, veinte trabajadores agrícolas en una cosecha de habas en Pelarco también se intoxicaron. Síntomas similares, ampollas y quemaduras en sus piernas, que podrían hacerlas renunciar al campo, aunque deban seguir trabajando la tierra, porque no hay otra fuente laboral para parar la olla.

Sólo unos días antes, el 7 de octubre, Macarena Mendoza Valenzuela, una temporera del Fundo San Luis de la comuna de Lautaro, en la IX Región, murió luego de inhalar Carbofurano, mientras preparaba una mezcla para fumigar. LND

SECCIÓN: Reportaje
AUTOR: Alejandra Carmona