Cualquier calificativo puede resultar válido para bautizar la pachanga instalada en los medios de comunicación (vulgarización, farandulización, elija el que le guste), pero el dueño de las radios Oasis y Horizonte y una de las voces más características de las últimas 3 décadas de FM, Julián García Reyes, apela a una imagen bíblica: “En la guerra de los medios, incluyendo a la radio, el demonio va ganando. Es la decadencia máxima. Es brillante, es inteligente, por lo que yo lucho para que gane Dios. Relatar una relación sexual, tutear a la gente y develar la intimidad es una aberración”.

Y la metáfora no sólo parece compactada desde los mensajes de paz con que históricamente impregnó sus emisoras, sino que también alude a un enfrentamiento que encendió su mecha en 1992, cuando nace Rock & Pop e inaugura una etapa de informalidad y segmentación. Según García Reyes, se trata de la lucha entre las emisoras que muestran armas negras contra las que siguen sacando brillo a las armas blancas de antaño.

Vista en términos menos helénicos, la dualidad apunta hacia frecuencias atrincheradas en el tradicionalismo rígido de la FM que optaron por no sumar a su parrilla las fórmulas de consultorios sentimentales, chistes de grueso calibre y rupturismo más liberal. En casi su totalidad, se trata de radios independientes de los conglomerados foráneos -Iberoamerican Radio Chile y Consorcio Radial de Chile (CRC)-, las que están en manos de capitales locales y, en algunos casos, de largas tradiciones familiares que han copado el dial durante décadas.

Mantienen un bajo perfil y un estilo conservador para hacer frente a la vorágine de mutaciones abanderadas por ‘El Rumpy’, Pablito Aguilera, el ‘Gurú’ y doctores varios. Personajes que tienen en la mira: difícilmente los sumarían a sus filas. Pese a ello, escalan los primeros peldaños de sintonía y tienen devotos que respetan tanto como ellos la tradición radial. Son los hombres que cuentan más años en el dial.

Los mismos que empezaron hace 32 años con la receta. Julián García Reyes Anguita y Ricardo Bezanilla Renovales hoy están en bandos distintos, pero hacia agosto de 1972 ambos integraron la sociedad de 4 personas -junto a Juan Pablo del Río y Juan Luis Amenábar- que engendró radio Concierto, la emisora propiedad de radio Bulnes que hasta la irrupción de Rock & Pop mantenía firme su liderazgo.

El tiempo los distanció, García Reyes (publicista) se catapultó como el ideólogo tras la Concierto del 101.7, para luego arremeter con radio Horizonte (1984) para el adulto joven y, 5 años después, con Futuro para la “inmensa minoría” de paladar vanguardista y gusto rockero. Las mismas que debió vender en 2000 a Iberoamerican Radio Chile al percatarse que no podía lidiar contra la “morbosidad que nos inundó”.

Su compañero se quedó con las emisoras Infinita y Tiempo durante los ’80, sumando en 1990 otro producto de corte baladístico consagrado a lo femenino: Romántica (104.1). Las tres frecuencias hoy forman el grupo Bezanilla, el más grande consorcio radial chileno.

Previo a ello, Bezanilla ya contaba en su currículum su paso por la presidencia de la Asociación de Radiodifusores de Chile (ARCHI) durante dos períodos entre 1981 y 1987, consagrándose como el dirigente gremial en el tema más importante de tal década y con un fluido entendimiento con Pinochet.

El Elegido

Ya en los ’90, este abogado de trato serio y reacio a las entrevistas hace ingresar a su hijo, Ricardo Bezanilla Montes, al negocio de las radioemisoras al delegarle la jefatura artística de radio Tiempo (95.9), el nicho juvenil de su triunvirato.

Movilizándose sólo en moto, con un cuadro de Guayasamín a la diestra de su oficina y autodefinido como un absolutamente “pinochetista” -criticó abiertamente su detención en Londres- Bezanilla hijo se caracteriza por ser hiperquinético y profundo admirador de su padre. Almuerzan juntos cerca de tres veces a la semana y, dentro del medio, muchas veces lo han catalogado como el “niño mimado” que sólo ostenta tal puesto por una cuestión genética.

“Me da lo mismo. En Chile cuando tienes santos en la corte, que en este caso es mi padre, la persona de la que yo más he aprendido, todos te dicen eso. Pero yo respondo: no sé si exista otro director de radio que sea abogado y hable más de dos idiomas como yo. Me siento orgulloso de él”, arremete Bezanilla.

Un nexo que no ha obstaculizado leves diferencias en el núcleo Bezanilla en torno a los contenidos: hacia 1996, conducía junto a Paulina Magnere el espacio nocturno Puro Bla Blá, uno de los pioneros en instalarse en pubs con un lenguaje que abordaba informalidad y doble sentido.

“Era una chacota, pero para ser honestos, mi padre no me apoyaba. Pertenezco a una familia bien conservadora y no estaban contentos. Mi papá me decía: si eres abogado porque no te dedicas a las leyes en vez de hablar estas tonteras, lo que no tuvo nada que ver con el fin del programa”, recuerda.

Puesta la lápida sobre los espacios informales y aunque reconoce que al asumir radio Tiempo a principios de los ’90 se convirtió en “una de las personas que con mayor rapidez llevó la radio desde un lugar bueno en audición a uno pésimo”, Bezanilla reasumió su cargo hace 2 años y optó por una emisora centrada en la música.

No sin antes atravesar capítulos complejos como el despido de Bonvallet en octubre de 2002, cuando el comentarista trató al diputado DC Rodolfo Seguel de “borracho, sinvergüenza y atorrante”, generando una molestia en el Congreso que desembocó en el despido del ex futbolista por parte de los Bezanilla. Hoy optan por no referirse al tema.

“Para mí la radio es un negocio de música, nunca he entendido esos programas donde llaman alguien y manda un saludo. ¡A quien le importa!”, confiesa Bezanilla, agregando que “las veces que he escuchado al ‘Rumpy’ no me creí sus historias. Aunque no creo que por ser chilenas sean más conservadoras nuestras radios. Lo que sí pienso es en el aire familiar que se respira aquí. Simplemente creo que hay radios chilenas y otras que son extranjeras, aunque funciones con ideas locales”. Durante 2003, Tiempo se ubicó en el noveno lugar del segmento Adulto Joven (hombres y mujeres de 25 a 44 años, grupo ABC1 y C2) del ranking elaborado por Ipsos Search Marketing.

El camino de la paz

Si de hijos se trata, Julián García Reyes también ejercita la experiencia. Su retoño de 25 años, que lleva su mismo nombre y se desempeña como comunicador audiovisual, ya comenzó a trabajar en una serie de proyectos radiales. García Reyes habita hoy una oficina con ventana hacia Los Leones donde se cruzan imágenes de Buda y Jesucristo que demuestran su fe, azuzada por un derrame cerebral que en 1982 lo tuvo al borde de la muerte.

Por ello que repite de manera constante la palabra “milagro” para referirse a sus logros: la aparición de radio Concierto en 1972 cuando la audiencia FM alcanzaba un 2,7% y, casi 30 años después, el posicionamiento de radio Oasis, con una propuesta anclada en los recuerdos, como una de las emisoras que se mantuvo en los 10 primeros lugares de sintonía a partir de octubre de 2001.

Definido como un hombre estricto, apasionado, de perfil conservador y reticente a las cámaras (su última aparición en TV fue en 1977), su vida profesional no siempre supo de milagros. Cuando su reinado en el dial ochentero era invencible -gracias a voces innovadoras como Lalo Mir y a la difusión al rock argentino- el éxito de Los Prisioneros lo puso en un trance conflictivo: se trataba de la música popular que García Reyes se negaba a tocar en una frecuencia juvenil.

Como respuesta, Jorge González escribió Independencia Cultural y abrió el tema con una puya directa a Concierto. “Ellos nos censuraron a nosotros y nosotros a ellos, era un orgullo mal entendido de ambos. Eran denunciantes y políticos, mientras nuestra filosofía fue no meternos jamás en política. Buscaban sensacionalismo y había música mejor”, recuerda.

Con los ’90, García Reyes vivió otro trance: enfrentar con armas blancas la arremetida del Rumpy. En el cajón de su escritorio aún guarda proyectos como El Club de la Masturbación y La Hora del Orgasmo que particulares le ofrecían para derrotar al fenómeno.

En respuesta, en 1995 sumó al periodista Cristián Warnken para el proyecto El Desembarco de Los Ángeles, el que fracasó al año y medio después, ya que, según García Reyes, “la radio se saturó de intelectualidad, poetas satánicos y entrevistas larguísimas a personas sin importancia”.

Vuelta a zona cero. Un llamado del ex VJ de MTV Alfredo Lewin, con las intenciones de rehacer su vida tras su residencia en Miami, lo llevó a aceptar en 1998 el proyecto Rock y Guitarras. ¿Y nunca le complicó que Lewin hiciera pública su adicción a las drogas y su no catolicismo? “Para nada. Es un tipo culto, bueno de adentro, jamás lo vi drogarse o borracho mientras realizaba el programa”.

Pese a expresar diferencias políticas, el actor Álvaro Escobar trabaja hace cerca de 10 años en las radios de García Reyes y postula que “las emisoras representan a totalidad su espíritu. Es un hombre que expresa calidad en sus productos, a diferencia de un importante director de un conglomerado que conocí hace un tiempo que estaba feliz de sólo alcanzar Cuarto Medio y educarse con el Riders Digest, por lo que su radio estaba llena de voces intrascendentes que las calificaba como líderes de opinión”, relata Escobar.

El hombre de Chacarillas

Paralelo al éxito de Concierto, radio Carolina (99.3) también se disputaba al público juvenil. Fue fundada en noviembre de 1975 por su primer director, César Antonio Santis, quien la bautizó con el nombre de su primera hija e impuso un estilo musical que se alejara de cualquier contingencia política.

Es la misma filosofía que hoy mueve a Ignacio Astete Álvarez, director de la emisora desde 1985, pese a que luce un abundante currículum en la arena política: estudió Agronomía y en 1975 cumplió un rol clave en la fundación del Frente Juvenil de Unidad Nacional en el cerro Chacarillas, lugar donde 2 años después Pinochet definiría el itinerario de su gobierno.

Astete fue secretario nacional de la entidad, convirtiéndose en uno de los hombres más cercanos a Jaime Guzmán durante los primeros años del pinochetismo, compartiendo funciones con nombres como Juan Antonio Coloma, Andrés Chadwick y Patricio Melero. “Jaime Guzmán es un gran ejemplo para las nuevas generaciones que yo he tratado imperfectamente de aplicar”, señala, expresando una admiración parecida a Pinochet.

Su rol de secretario de la organización culminó en 1977 para, 5 años más tarde, dirigir la Dirección Nacional de Comunicación Social (Dinacos), organismo comunicacional del régimen.

El mismo que lo llevó hasta la jefatura de radio Carolina, caracterizándose por su minuciosidad para revisar estudios de marketing, su actitud estricta y su fiel apego a los valores más convencionales de la FM, tanto musicales como de contenidos, encumbrando a Carolina como una de las más escuchadas en el público juvenil ABC1 y C2 que va entre los 15 y 24 años.

“Nos preocupamos por los valores que una familia le entrega a un joven, por lo que no tenemos una obsesión con el condón, ya que tiene un lugar del cuerpo para ponérselo, pero hay otros que parece que se lo ponen en la cabeza. Hay cierta fijación por temáticas sexuales que revela graves problemas mentales”, asegura el director de la emisora que cobija a José Miguel Viñuela y Hernán Hevia, entre otros.

Asuntos de Familia

Pero si de tradición se trata, El Conquistador (91.3) dicta cátedra: fundada en 1962 por el empresario Joaquín Molfino, es una de las FM más longevas de Latinoamérica con una programación que ha sufrido leves cambios. Y si de familia se trata, Molfino incluyó dentro de su grupo radial a sus hijos Piero y Felipe, este último como gerente general de la exitosa radio Para Ti (105.7) que reemplazó a la extinta Manquehue. Su sobrino César es director ejecutivo de El Conquistador y presidente de Archi.

Pese a lo convencional de su programación -“es que el chileno es así”, asume César Molfino- El Conquistador se arriesgó el año pasado con el espacio Cordero a Punto, conducido por la doctora María Luisa Cordero, lo que complicó a la emisora tras las acusaciones de licencias médicas falsas denunciadas por Chilevisión. “No nos arrepentimos de ello”, concluye Molfino, quien en sus filas tiene a nombres como Claudio Sánchez y Javier Miranda.

Pero si la batalla radial se reduce a un enfrentamiento entre David y Goliat, quien mejor encarna al pequeño personaje es Rubén Basay, director de radio Romance (92.9) y propietario de la emisora en sociedad con Miguel Nasur.

Posicionada en 2003 como la segunda más escuchada por las dueñas de casa tras Pudahuel, Romance se aleja de las figuras mediáticas y los esquemas informales para llenar su propuesta. Su director trabajó durante 2 años casi 19 horas diarias, se endeudó en 400 millones y vendió toda clase de bienes para echar a andar la emisora. “Lo perdí todo”, asegura Basay, para luego teorizar que “las radios con dueños chilenos tienen menos riesgo porque poseen menos capacidad de inversión en figuras televisivas, pero creo que los grandes conglomerados lo hacen muy bien. Es mi posición particular”.

Finalmente, Basay repite los conceptos de “una radio para toda la familia” y una “radio con valores y mucho amor”, revelando quizás el secreto que hace a las emisoras de chapa local no perder terreno ante sus símiles con capitales foráneos. Por lo que la lucha entre David y Goliat o entre Dios y el demonio o entre las armas negras y las blancas, aún no está sellada.

La voz disidente

Pese a las objeciones, en CRC se sienten más chilenos que las empanadas. “Efectuamos radioteatros en torno a nuestros hechos históricos (21 de mayo y Batalla de Maipú), apoyamos la cumbre Guachaca y hemos planeado una programación acorde a la idiosincrasia del país”, asume Mariano Pérez, director de radio W y hombre de confianza absoluto del gerente general del consorcio, Miguel Ángel Pascual, quien en tal emisora logró juntar a nombres tan disímiles como el ‘Rumpy’, Bonvallet, Felipe Bianchi y Marisela Santibáñez, apostando por un formato generalista.

Según Pérez, esa variedad representa un formato dinámico y moderno que responde a “un Chile que existe, que se mueve con libertad y con gente inquieta que ya no desea formatos antiguos”.

AUTOR: Claudio Vergara