A las 13.05 (20.05 hora de Irak) comenzó el ulular de las sirenas que alertaban del tercer bombardeo consecutivo por parte de la coalición anglo-estadounidense contra Bagdad. Pero esta vez se trataba de la materialización de la amenaza que el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, profiriera contra ese país asiático: lo que sigue, no será una repetición de otros conflictos, tendrá una fuerza, un alcance y una escala nunca vistos”.

Así, lo que las sirenas anunciaban era advenimiento del Día A, nombre de fantasía con el que Washington bautizó la gran operación de misiles crucero y bombas de alto tonelaje, que desató el infierno en la mítica ciudad de los antiguos califas abasidas, destruyendo, entre otros edificios los palacios de la República, sede del gobierno de Sadam Hussein; de la Paz, utilizado por los dignatarios que visitan Bagdad, y de las Flores, un museo que en otro tiempo fue el palacio del rey, entre otras megaconstrucciones.

La magnitud del ataque lo dieron las propias voces autorizadas por el Pentágono, entre ellos el contraalmirante Matthew Moffit, comandante del portaaviones Kitty Hawk, ubicado en el Golfo Pérsico, quien dijo que desde su nave se lanzaron cerca de 320 misiles Tomahawk contra Bagdad y sus alrededores.

Pero no sólo proyectiles crucero cayeron sobre la capital iraquí, sino que bombas de mediano y alto tonelaje, estimándose en 700 el número del material explosivo caído en la ciudad capital.

De acuerdo con reportes de periodistas destacados en la ciudad de 5 millones de habitantes, hubo impactos en las cercanías de los hoteles Al Rashid y Melia Al Manzur, en el área donde se sitúan varias sedes ministeriales y edificios oficiales.

El Palacio de la República fue impactado por al menos cinco misiles y se especulaba con que se hubiera alcanzado al propio Hussein. No obstante, la figura del dictador iraquí, junto a su hijo Qusay, se hizo presente en las pantallas de televisión locales, arengando a sus tropas y a los civiles.

MOSUL Y KIRKUK

Pero el luctuoso maná Día A no sólo se concentró en Bagdad, sino que alcanzó las ciudades norteñas de Mosul y Kirkuk, que recibieron parte de las mil 500 bombas, lanzadas desde bombarderos B-52, que en un número de 14 despegaron ayer desde la base aérea de Gloucester, en Gran Bretaña, según reportes de la prensa española.

Mosul -de un millón 500 mil habitantes, situada 350 kilómetros al noroeste de la capital- también figura en los planes de la Operación Golpe y Temor, debido a que concentra un fuerte contingente del ejército regular y de la Guardia Republicana (GP), cuerpo militar de elite de Hussein.

A su vez, Kirkuk -de 650 mil habitantes y 240 kilómetros al norte de Bagdad- entra en la misma categoría de su vecina por la concentración de efectivos militares y de la GP.

Ambos centros poblados, además, cuentan con refinerías de petróleo.

CERCAN BASORA

Los contingentes de Estados Unidos y Gran Bretaña continuaron penetrando al menos 160 kilómetros en el desierto iraquí y en su avance capturaron pozos petrolíferos y destruyeron retratos gigantescos de Hussein en las calles de las poblaciones controladas, hasta llegar a las cercanías de la ciudad de Basora, punto de acceso a la capital debido a la existencia de una carretera de 550 kilómetros a Bagdad.

Funcionarios estadounidenses señalaron que daba la impresión que no había nadie ni al frente del gobierno ni de las fuerzas armadas iraquíes.

Sin embargo, en las escaramuzas por el control de la ciudad Umm Quasr murió baleado un soldado de las fuerzas especiales norteamericanas y otro corrió igual suerte en las cercanías de un campo petrolífero.

A su vez, las tropas británicas se apoderaron de la Península de Faw, la única salida de Irak al Golfo Pérsico.

Sin embargo, el ministro de Información iraquí, Muhamed Saíd al Sahaf, desmintió que las fuerzas de la coalición hubieran tomado territorio del país. “Umm Qasr aún está en nuestras manos”, afirmó.

PISTAS DE ATERRIZAJE

En otras acciones de la coalición, las pistas de aterrizaje conocidas como H-2 y H-3 en el extremo occidental de Irak fueron tomadas sin mucha resistencia iraquí, con lo que virtualmente se eliminaba la posibilidad de un ataque iraquí con misiles contra Israel.

Esos objetivos son importantes debido parcialmente a la creencia de que el aparato militar de Sadam Hussein tiene allí proyectiles Scud.

De igual manera, en el sur, las tropas de la coalición controlaron los pozos petrolíferos de Rumeila.