Fidel Castro, de 76 años, tras cumplir 44 al mando, acaba de anunciar que no acude al Parlamento cubano porque padece linfangitis. El caso es que sus enemigos ya lo ven dentro de un féretro, pálido, inmóvil y en silencio. ¿Por qué esa ansiedad? Existe la generalizada convicción de que una vez desaparecido el dictador todo comenzará a cambiar en la Isla, aún cuando el hermano Raúl, heredero designado, sea capaz de ocupar el poder sin demasiados tropiezos. Raúl Castro no es un reformista que intentará democratizar el país, ni tiene la menor intención de aflojar las riendas represivas, pero su talante personal es totalmente diferente al de su hermano. A Raúl, por ejemplo, le importan muy poco las aventuras ideológicas internacionales y no va a perder mucho tiempo luchando contra el ALCA o respaldando al Foro de San Pablo. Raúl se conforma con ser un eficiente policía local, criar gallos para verlos pelear y hacer chistes con sus amigotes del Ejército, que dirige desde octubre de 1959. Fidel es el voluntarioso, el imaginativo, el que no conoce la duda ni la prudencia. Raúl es más bien temeroso, calculador, convencido de sus muchas limitaciones.

Carlos Alberto Montaner, en el diario El País, de Montevideo.