BRASILIA.- El obrero metalúrgico Luiz Inácio Lula da Silva se convirtió ayer en el Presidente número 39 de Brasil, asegurando que con su elección “la esperanza venció al miedo” y prometiendo que el fin del hambre y la creación de empleos serán su “obsesión” durante los próximos cuatro años.

“Juro cumplir la Constitución Política del Estado, observar las leyes y velar por el pueblo brasileño para fortalecer su soberanía, unión, integridad y desarrollo del país”, dijo Lula visiblemente emocionado.

Al acto celebrado en el Congreso nacional asistieron todos los diputados y senadores brasileños, y 11 presidentes y representantes de 119 delegaciones extranjeras, entre los que se encontraba el Mandatario chileno, Ricardo Lagos.

Dentro del Congreso, los parlamentarios de su Partido de los Trabajadores (PT) no disimularon la alegría y mientras Lula asumía la Presidencia lo vitorearon bulliciosamente. Afuera, un mar de banderas rojas colmaba la avenida de los ministerios. Miles de personas convergieron en los últimos días hacia la capital para celebrar el acceso a la Presidencia de Lula, un obrero de origen humilde.

Previo a su juramento y acompañado de su vicepresidente, el empresario José Alencar, Lula recorrió en un Rolls Royce descapotado un breve trayecto hasta el Congreso, acompañado por una multitud de unas 400 mil personas. Lula, de 57 años, rompió varias veces el protocolo al ingresar al Congreso, abrazando a varios de los parlamentarios e invitados especiales. Cuando llegó al estrado estaba todo despeinado y sudado, y debió ser asistido por sus colaboradores.

Tras el juramento, Lula (que se declaró “el servidor número uno del Estado”) se dirigió al palacio de Planalto, donde recibió de su antecesor, Fernando Henrique Cardoso (1995-98,1999-2002), la banda presidencial.

La asunción de Lula ha generado gran expectativa local y mundial. Es la primera vez en las últimas cuatro décadas que un líder sindical izquierdista asume el mando de esta nación de casi 175 millones de habitantes, que es la undécima economía del mundo, pero que ostenta el récord de ser el cuarto país con peor distribución de la riqueza en el mundo.

Lula llegó al poder -en su cuarto intento- con un fuerte apoyo popular al obtener más de 52 millones de votos en las elecciones de octubre, un 61,27% de los sufragios válidos, el mayor caudal de votos en la historia del país.

CONTRASTES DE UN COLOSO

-Brasil ocupa el puesto número 12 en la lista de mayores economías del mundo, pero sólo llega al lugar 73 entre los países con mejores indicadores sociales de la ONU.

-Casi 175 millones de personas habitan ese país, donde cerca de 54 millones viven en los barrios marginales.

-Es la mayor economía de América Latina y la undécima del mundo, pero tiene una deuda externa de 260 mil millones de dólares.

-La inflación llega al 12,4% y el desempleo promedio en el 2002 llegó al 7,3%.

“EL CAMBIO SERÁ LA PALABRA CLAVE”

Presidente de Brasil reafirmó en su discurso de investidura el compromiso contraído con el electorado durante su campaña. Ante el pleno del Congreso, aseguró que “de ninguna manera desperdiciará la oportunidad única” que le dieron “millones y millones de brasileños” para cambiar la suerte de los más pobres de su país.

Lula da Silva destacó que sus obsesiones serán el hambre y el desempleo, y prometió soluciones. “Cambio es la palabra clave y fue el gran mensaje de la sociedad brasileña en las elecciones de octubre. Fue para eso que la sociedad brasileña me eligió, para cambiar de modelo económico” señaló.

Sin embargo, fue cauto y agregó que dicho cambio será “gradual y continuado”. “Vamos a cambiar, pero con coraje y con cuidado”, afirmó. Los primeros 10 minutos de su discurso, que duró tres cuartos de hora, los dedicó al hambre que, según distintas fuentes, azota a entre 25 y 50 millones de brasileños.

Conteniendo las lágrimas, recordó la miseria de la región en que nació y de la que huyó junto a su madre y hermanos para “no morir de hambre”, y convocó a todos los sectores del país a encarar una “auténtica cruzada contra ese flagelo”.

“En un país con tanta tierra fértil no debería hablarse de hambre pero muchos en Brasil sobreviven milagrosamente, cuando no mueren de miseria y desencanto buscando un pedazo de pan”, dijo.

Por esto anunció que impulsará una reforma agraria “organizada y planificada” que brindará créditos y asistencia técnica a los pobladores rurales.

“La misión de mi vida estará cumplida si al final de mi mandato cada uno de los brasileños puede desayunar, almorzar y cenar cada día”, recalcó.